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 Diez años viajando por el mundo, con una casa montada en una bici, más de un millón de anécdotas y casi los 100.000 kilómetros pedaleados

Aitor y Laura dejaron atrás la vida que se considera como “normal” para pasar a ser nómadas sobre dos ruedas. Rompieron con todo, vendieron las pertenencias y a lomos de sus bicicletas han recorrido ya todos los continentes (menos la Antártida). 

Este libro narra en primera persona y con voz de mujer, los primeros 3 años de este largo viaje que de largo, no entra en un solo libro: Asia, China, Asia Central, Irán, la península arábiga y África; mucha, mucha África; fueron para Aitor, casi 52.000 kilómetros, para Laura 33.000, siempre a ritmo de pedal.

Sin un plan trazado fijo, y moviéndose al ritmo que marca el corazón y la intuición, cruzaron el Himalaya, durmieron en cuevas, selvas, desiertos, escuelas, bosques, iglesias y muy a menudo con gente. Tan vulnerables como fuertes, aprendieron a tomar lo que viene, como viene: la dureza y la alegría, el sufrimiento, el frío, el calor, la lluvia, la noche, el miedo, la ira, la alegría, la hospitalidad, el desprecio, la belleza….

De todo ello habla este libro de un viaje en bici por el mundo pero también, y de forma paralela, de un viaje interno, hacia dentro.

México 2

Descansando en una ciudad bonita

Descansando en un pueblo tranquilo.

Después de Bajar del Pico Orizaba me tome un día de descanso porque tuve unas agujetas que casi no me podía mover. Sobre todo de la bajada ya que los cuádriceps no están acostumbrados a trabajar de esa forma. Hacía muchísimo tiempo que no me dolían los músculos de esa forma. Y como lo mejor para que se pasen las agujetas dicen que es el ejercicio, al día siguiente me subí a la bicicleta y le di caña otra vez.

Uno se encuentra con diferentes ragos según cambia de estado.

Pasé por Tehuacan ya que tenia una amiga que me estaba esperando. Eran unas personas muy humildes, pero como ocurre en estas familias, tenían un corazón tan grande que mi estancia en su casa fue un regalo insuperable.

Esta ciudad es conocida en todo México por las maquiladoras. Está llena de fábricas donde las mujeres pasan todo el día cosiendo pantalones vaqueros o los llamados jeans por 4 Euros al día. Jeans que después en el mercado se venden a mas de 100 Euros la prenda.

Las familias tienen que hacer malabares para poder comprar fruta en los mercados.

Personalmente no se como era la esclavitud hace 100 años, pero trabajar por un sueldo que no te da ni para llegar a final de mes mal comiendo, lo llamo esclavitud.

Por el camino parada a tomar un bañito.

La siguiente parada fue Oaxaca ciudad. La capital del estado de Oaxaca, que junto a Chiapas son los estados más etnicos que hay en todo México. Uno encuentra todo tipo de gente, indígenas que llevan viviendo en esas tierras miles de años, y que pensando que en la ciudad les va a ir mejor, bajan de las zonas altas, cometiendo un gran error con la esperanza de encontrar una mejor vida.

En las montañas de Oaxaca de camino a la capital. Vivac bien comodo con vistas alucinantes.

En pocos días se dan cuenta de que no van a encontrar trabajo y que en la ciudad nadie les va a ayudar. En su aldea siempre tenían la posibilidad de cultivando la tierra, llevarse un plato de comida a la boca y que en caso de necesidad tenían al lado al vecino que siempre está dispuesto a echarles una mano. Mientras que aquí en la ciudad ni hay tierra donde plantar nada, y el o ella es otra persona anónima entre miles, donde nadie le conoce ni se preocupa por el.

La vida es dura en la ciudad.

A mi me gustó esta ciudad. Tenía algo especial que hizo que al sentirme tan bien, decidiera quedarme unos días extras disfrutando de las pequeñas rutinas que me creo las pocas veces que paro en un lugar así.

La rutina que más disfruto es la de tomarme todas las mañanas mi café solo o con leche en la misma cafetería, entablando una pequeña relación con el o la camarera que me encuentro a diario. Me llevo un libro o el cuaderno donde anoto cosas que vivo e me pasan por la cabeza, y paso un tiempo muy agradable.

placeres de la vida

De allí decidí tirar para la costa del pacífico. La idea era ir hacia Puerto escondido y de allí seguir la costa hasta Salina cruz.

Como no podía ser de otra forma me encontré a una pareja que casi me hacen prometerles que no iba a tomar esa carretera, ya que decían que solían asaltar a viajeros que pasaban por allí.

Este árbol Cactus me volvió loco cuando lo vi.

La verdad que esto es algo que me ha cansado de México, el tener en la cabeza esa pequeña preocupación constante de que alguien podría lastimarme.

De camino a la costa vi tanta gente peregrinando a Santa Catarina de Juquila, que no me pude aguantar y cambiando de planes, alargando un día mas las subidas por estas montañas, pasé a ver que era lo que atraía a tanta gente.

Uniéndome a unos peregrinos en el camino.

Lo de siempre, una iglesia tremenda, y un montón de negocios alrededor. Lo mejor de todo es que había unos speakers puestos alrededor del lugar sagrado, y pude escuchar lo que decía el santísimo cura, padre, pastor o lo que sea que se llame a esa persona que no decía más que tonterías. Hacia tiempo que no escuchaba decir en el nombre de dios tantas sandeces.

La verdad tengo que decir que salí corriendo sin mirar otra vez hacia atrás.

La costa me gustó, sobre todo una playa que se llama “playa de rocas blancas”. Descansé unos días, comiendo pescado y durmiendo en la tienda de campaña junto otros mexicanos. Ningún extranjero a parte de mi. Mexicanos bien educados con los que se podía hablar de todo tipo de cosas. Fueron 3 días de paz y tranquilidad.

Me vino bien, ya que unas noches antes me lleve el único susto que tuve en México. No me asaltaron, …. al final no pasó nada, pero fue un aviso para recordarme que tengo que parar de pedalear antes de que oscurezca. No lo hice queriendo, pero iba subiendo y no encontraba ningún lugar donde parar.

Mariano, el vendedor de helados que después de haber trabajado en EE.UU se volvió para tener una vida más tranquila con menos dinero.

Pasé por lugares conocidos como Cipolite, Masunte… lugares preparados para el turismo extranjero y local, donde uno cuando entra en esos lugares, se da cuenta de que podría estar en México, Tailandia, Tanzania o España.

Tortugas deshovando.

Tortuguitas recien salidas del cascaron. Escavando suben a la superficie de la arena y corren al agua.

Llegaban mis padres y mi hermana de visita a Cancún. Que regalo poderles recibir en el aeropuerto, y pasar con ellos 15 días visitando los lugares más interesantes de la península del Yucatan. Playas, ruinas Mayas y cenotes. Interesante esto de los cenotes. Unos agujeros en la tierra donde se forman pozas de agua dulce, donde los Mayas se abastecían para beber e incluso construían los pueblos alrededor de donde encontraban alguno.

Bañarse en estos cenotes de agua cristalina, en penumbra bajo la luz que entra `por el boquete en el suelo es una experiencia muy linda.

Los pasé tan bien que se me hizo cortísimo y llegó el día de despedirnos. Aunque ya han venido a todos los continentes por los que he pasado y nos hemos despedido muchas veces, nunca consigo aguantarme las lágrimas y siempre se me escapa alguna.

La pirámide de Chichen-itza. Una de las más visitadas en estas tierras.

Había dejado la bicicleta en Tehuantepec, en el Istmo, y desde allí me toco subir puertos de montaña que después de la inactividad, me costo más de la cuenta. Tuve la suerte de encontrarme a Rafael, un Nicaragüense, que estaba pedaleando por estos lares, y compartimos el viaje unos 5 o 6 dias. Me encanta conocer a gente especial como esta persona, que sin tener la vida resuelta y con toda la incertidumbre del mundo agarra una bicicleta nada especial y el material necesario y se embarca en una aventura que de momento le va de maravilla.

Hermano, fue un regalo compartir contigo los vientos huracanados de la ventosa, que nos tiró a los dos al suelo, y todas las platicas de esos días.

Nos separamos en Tuxtla Gutierrez, y me hice solo la subida hasta San Cristobal de las casas. Menuda subida, casi la palmo, pero como siempre, todo tiene su final y en este caso no iba a ser diferente. Se acabo la subida y bajando unos pocos kilometros llegue a este pueblo-ciudad donde descanse otros 5 días.

San Cristobal de las casas.

San Cristobal de las casas situado a 2500 metros de altura tiene una temperatura ideal. Otra lugar de esos que me apunto para volver y pasar una temporada. Café y cacao del bueno. Todas las comodidades y servicios para estar a gusto y encontrarse con turista, y dos calles más allá, gente local con los que compartir su día a día.

En Chiapas se mezcla culturas y rituales de todo tipo.

Justo antes de salir de Mexico, tome otro desvío para acercarme a las cascadas de El Chiflón. Espectacular el agua color turquesa de este río. Verla caer por esas cascadas tan altas, y poder dormir con el sonido del agua de fondo, fué la despedida perfecta de este fantástico país, que me ha regalado muchísimos buenos momentos y encuentros. Donde he hecho amigos que se que van a serlo para siempre.

Me encanta ver diferentes mezclas de gente.

Un país muy especial que lo que más destacaría es su variedad étnica, colorido, cultura culinaria y sobre todo su humor. Me encanta el humor Mexicano.

Y por supuesto, a pesar de su reputación, es un país super seguro.

Volveré seguro.

México lindo

– A ver si tengo miedo????

Por supuesto que lo tengo, como todo el mundo. El miedo es bueno siempre y cuando lo tengas bajo control, y no dejes que el te controle a ti. Me ayuda a estar atento, alerta en situaciones que debo estarlo. Es un buen compañero de viaje.

Hola gente,

Después del frío que pasé en el cañón del Colorado, aceptar la invitación de descansar unos días en casa de Sue, en la ciudad de Flagstaff fue un regalo. Una cicloviajera que le encanta moverse y conocer lugares a lomos de su bicicleta. La conocimos en Missoula y desde el primer momento tuvimos muy buen feeling.

Necesitaba un buen descanso, relajarme, dejar de sentir frío por unos días, dejar de tener los músculos de todo el cuerpo en tensión para no perder calor y tener tiempo de coger el mapa de México y decidir por donde entraría, y a groso modo planificar los lugares que quería visitar.

Compartiendo con Sue y la familia cicloviajera Francesa una cena.

Fueron 5 días de amenas conversaciones, planes y sueños que algún día nos gustaría hacerlos realidad. Una suerte encontrarme con ella otra vez.

Finalmente no pude conseguir la cámara nueva, por lo que la primera parte de México, no pude hacer una de las cosas que más disfruto en el viaje. Sacar instantáneas de los lugares y gentes del lugar.

La última parte de Arizona fue diferente a lo que había conocido en Estados Unidos.

Demasiado patriotas para cosa buena en el sur de Arizona.

Carreteras más estrechas, tráfico menos respetuoso, y el sentir que la gente me ignoraba totalmente. Lo bueno es que elegí una ruta por donde pasaba casi todo el rato por «National Forest», donde acampar es totalmente libre y no te tienes que preocupar de si alguien va a venir a decirte que no se puede acampar.

La experiencia con la gente fue tan decepcionante que el último día que pase en este hermoso país decidí dormir debajo de un puente que construyen para evacuar el agua debajo de las carreteras. Los había utilizado por primera vez en el Tibet, para protegerme del viento y del frío, y siempre es un as que tengo bajo la manga para dormir tranquilo y a salvo.

En México me decidí por la sierra madre occidental. Cuando veo una sierro o cordillera montañosa me pongo cachondo por dos razones. La primera porque me encantan las montañas, y segundo porque suele estar habitado por gente honesta, tranquila y humilde que siempre está dispuesta a echar una mano. Por el contrario suele ser dura, mas duro que los llanos, física y sobre todo mentalmente. Pero tengo la suerte de haber aprendido a motivar y engañar un poco la mente cuando la cosa se pone dura.

Entré por Agua prieta, pueblo fronterizo pequeño, y elegido a conciencia, pues no me gustan las fronteras y cuanto más pequeño sea la población más tranquilo ando.

Después de haber cruzado Alaska, Canadá y EEUU sin haber dormido en ningún hotel por lo caros que eran, aquí en México volvían a costar un precio razonable y me tomé tres días de descanso para comenzar a aprender palabras y jerga Mexicana. Y sobre todo a darme cuenta que los Mexicanos tienen un humor que me encanta y que las risas no iban a faltar en toda la ruta.

Cuanto más preguntaba más dudas y miedo me entraba.

– Por la Sierra Madre??? No manches güey!!!! Es zona es de narcos y te van a asaltar y robar todo lo que llevas, sino es que te matan!!!

Respuestas como esas eran las que obtenía cada vez que preguntaba. Quería escuchar que no era tan peligroso, y agarrarme con todas mis fuerzas a eso. Y al final la obtuve.

Era común ver balas tiradas en la carretera.

Conocí a un Colombiano que vino desde su país por tierra hasta acá y se quedó. Me llevó a cenar y ahí me contó como funciona el mundo de las drogas.

– No te preocupes Aitor, ellos están aquí para cosas mucho más grandes que robar a un turista que pasa en bici. Con el contrabando de Cocaína, opio y Marihuana ganan miles de dolares diarios, y lo último que quieren es poner otro foco más sobre ellos por haber matado a un extranjero. Tu simplemente pedalea de día, en la noche se mueven ellos. En cada pueblito, a la salida, entrada y puntos estratégicos de la zona tienen a personas controlando quien pasa. Si te preguntan di la verdad, que eres un viajero y cuéntales lo que haces. Pero no preguntes sobre tema de drogas y cosas parecidas. Y sobre todo duerme siempre donde haya gente, ellos saben lo duro que está el tema y cuidarán de ti.

SSSSSIiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!!!! eso quería escuchar. Gracias amigo.

Los bomberos siempre me han dejado dormir en sus instalaciones, tratándome como a uno más de la familia.

Que suerte haber elegido estas tierras, cada vez que llegaba a un pueblecito o ranchito como le llaman ellos, ere bienvenido y enseguida me daban un lugar para poder acampar seguro y tranquilo e incluso me invitaban a sus casas a dormir.

Han sido años de muchos muertos, los jóvenes no tienen futuro y cuando tienen la oportunidad se meten en estos grupos, trabajan como sicarios. Matan por nada a cambio de formar parte de un grupo, una banda o hermandad donde se sienten importantes y apreciados por primera vez en su vida.

En la barranca del cobre al final tuve la oportunidad y la suerte de coincidir con Hugo y Begoña, dos cicloviajeros Donostiarras que llevan pedaleando 5 años por el mundo.

Como dice el protagonista de «Dersu Uzala» en la película:

– Gente, buena gente.

Una pareja que no tiene la necesidad de venderse, por lo que no se columpia exagerando o mintiendo cuando cuentan las historias que les ocurre durante el viaje.

Granjero Menonita que nos invitó a acampar en su jardín.

Viajamos juntos algo más de dos semanas, el compartir el día a día con alguien te da para aprender cosas interesantes, y yo me apunté para mi y aplicarlo en el viaje ciertas cosas que hacían y me parecían interesantes.

Foto cedida por Begoña y Hugo.

Gracias amigos por compartir.

En el desierto las plantas cada cual es más bonita.

Después de cruzar la sierra, pasé por ciudades coloniales como Durango, Zacatecas, Guanajuato, San Miguel de Allende… Edificios y construcciones de verdad bellas, donde los Mexicanos me regalaron la hospitalidad propia de esta nación y sobre todo su buena onda.

Desde hace tiempo tenía en mente escalar el volcán Citlaltépetl, y renombrado por los Españoles como Pico Orizaba de 5.636 metros de altura. Siendo el pico más alto de todo Norte América era el plan perfecto para pasar las navidades.

Sin ningún tipo de aclimatación me decidí a escalarlo del tirón. Por fin saqué las botas de escalada que llevo en las alforjas para ocasiones como esta. Subí en bici hasta el refugio de de la cara norte situado a 4200 metros. Menuda paliza, la última hora sufrí más de lo que pensaba, y una vez allí me dediqué a hidratarme y comer. Dicen que la altura quita el hambre, pero a mi la verdad que creo que me la pone más. Me metí entre pecho y espalda un plato, bueno una cazuela donde cociné 400 grs de pasta. Y de ahí a la cama.

Salí a la 1 :15 de la madrugada, solo pero con una luna grandísima que me acompaño en toda la subida. Por lo que me dijo la gente y ya que iba sin aclimatarme calculé subirlo en 6 horas, pero me encontré tan bien que ya estaba en la cima para las 4:45. Soplaba un viento bastante fuerte y la sensación térmica era de -12. Decidí esperar casi dos horas para ver el amanecer, y tengo que confesar que aunque estuve saltando, gritando, tiritando… para no perder frío, nunca en mi vida pasé tanto.

Después de todo eso, el ver como asomaba el sol por el horizonte es algo que no voy ni a intentar describir. Me sentí afortunado otra vez de estar vivo y estar haciendo lo que realmente quiero y disfruto.

Una pedalada más.

Casi siempre suele empezar de una idea, un comentario que alguien hizo, cualquier cosa que hizo ese click en la cabeza. A partir de ahí uno empieza a soñar despierto. A imaginarse viviendo ese sueño. Disfrutando de las cosas que experimentaría.

A mi me ocurrió así. Incluso lo soñé mientras dormía. Ahí comprendí que era eso lo que quería vivir algún día.
Pero ese algún día se pospone en el tiempo, y si uno no tiene cuidado, esa idea,ese sueño comienza a perder fuerza hasta que se olvida.

Hay que decidirse, hay que dar el primer paso. Siempre es el que más cuesta. Hace falta valor para darlo, y sobre todo para dejar atrás a los que quieres y te quieren. Valor para comenzar, haciendo el primer movimiento, que es el que más miedo da.

A partir de ahí lo peor ya ha pasado, ahora solo queda entregarse al 100% y todo viene dado. Una vez que empiezas a hacerlo de corazón sin pensar con la cabeza, todo es fácil y no requiere ninguna valentía. Sobre todo porque te das cuenta que la mayoría de la gente en este mundo está dispuesta a ayudarte cuando lo necesites, y no hay nada que temer.

Un día miras atras, y te das cuenta de todo lo que has vivido y aprendido. Das las gracias por toda esa gente que ha estado contigo y te ha enseñado, que te ha apoyado, que te ha hospedado y alimentado sin esperar nada a cambio. Tambien toda esa gente que se ha aprovechado de tu ignorancia y te ha cobrado uno centimos mas caro lo que compraste o ha intentado hacerte algo peor. Así tiene que ser, porque no puede haber Yin sin Yang.

bonito número

Por eso doy las gracias a todos, absolutamente a todas las personas que me he encontrado en el camino, que nos hemos cruzado una mirada, una sonrisa, un guiño. Sin todos ellos yo solo no podría de ninguna forma haber llegado hasta aquí y aun tener ganas de continuar.

Utah y Arizona, desierto rojo.

– y ¿porque decidiste hacer este viaje? – me pregunta Mike en la oficina de turismo del Gran Cañon

– Porque no quiero morirme sin haber vivido- le contesto sonriendole  –

   Prefiero morir intentado vivir, que morirme sin haber vivido.

En lugares así uno se da cuenta de lo pequeños e insignificantes que somos.

Como ya sabéis todos, ahora yo, Aitor, continuo este viaje en solitario. Así como comencé en el año 2006, pedaleé entre otras cosas la cordillera  del Himalaya sin más compañía que la gente que me encontraba por el camino. Y ahora parece que otra vez  voy a pedalear la cordillera de los Andes, entre otros muchos lugares también solito. Todos estos años en el que os hemos contado en el del blog las historias que nos han ido pasando, he sido yo el que ha ido con la cámara de fotos sacando las instantáneas que hemos ido colgando en la página web.

Como siempre he pensado que una imagen vale más que mil palabras ( a lo mejor porque no tengo el don de la palabra ni el de la escritura), seguiré contándoos a mi manera más a través de imágenes que de palabras.

Acampando al borde del Parque nacional de Canyonland

Ha sido casi un mes y medio de ir poniéndome en forma poco a poco, después de un largo tiempo de parada, y con tanto cañón, y el sube y baja que eso conlleva, ha sido más duro de lo que pensaba. Eso sí, el primer día que me monté en la bici con las alforjas puestas y salia hacia la incertidumbre, sin saber donde iba a dormir esa noche, sin haber planeado nada mas que la carretera que quería seguir, me vino otra vez esa sensación, ese sentimiento profundo de saber que estoy en casa, que todo está bien, y que es esto justamente lo que quiero hacer. Ver y conocer el mundo a ese ritmo que solamente la bicicleta te puede dar. Sin prisa, disfrutando el momento presente, sin hacer planes más allá de los siguientes 100 o 200 kilómetros.

 

Acostumbrando otra vez las piernas a los esfuerzos diarios que supone moverse en bicicleta.

Amigos, esta parte del mundo es la ostia ( no lo voy a intentar describir, porque me es imposible). A mí que me gustan los desiertos  y también la altura, este lugar es la combinación perfecta donde se disfruta cada minuto. Es llamada «la meseta del colorado». Es un altiplano que esta situado entre Utah, Arizona, Colorado y nuevo México a una altura de unos 2000 metros  de tierra y roca roja, pero roja como jamas en mi vida había visto.

Llegar con un cielo tan oscuro a punto de llover, y que justo pegue el sol así, es un regalo.

Puesto que llevaba años queriendo conocer estas tierras he decidido dedicarle tiempo y no escatimar en esfuerzos para ahorrarme kilómetros. He intentado visitar, ver y disfrutar los parques nacionales más interesantes.

En el parque nacional de «Canyonlads» venía con la nota apuntada después de leerme el libro de Salva Rodriguez, de pedalear la «Shafer Trail».  Y tengo que decir que fue un acierto. Gracias Salva, siempre, cada vez que me has recomendado algúna ruta o pista, he disfrutado de lo lindo a la vez que he sufrido.

Rutas como esta, aunque dan un poco de miedo, son las que me hacen sentir vivo.

 

Duro pero merece mucho la pena, por las formas esculpidas en las rocas por el viento, la lluvia y el hielo.

Los arcos imposibles de el parque nacional de Arches, ha sido una de las cosas más espectaculares de todos estos lugares.

Me gusta imaginarme como se han podido formar estos arcos de forma natural, y me es imposible.

Parece imposible como la física permite que este arco aun siga en pie.

Formas que cautivan e imnotizan creadas por la naturaleza. Catedrales naturales.

No hay nada más bonito que lo creado por la naturaleza.

Como siempre los encuentros con la gente han sido buenísimos, y otra vez me encanta darme cuenta de lo ignorante que soy cuando visito un país con mis estereotipos en la mente y me doy cuenta de que es justo lo contrario. Menuda buena gente estos americanos, siempre dispuestos a ayudar, a entablar conversación. Todos estábamos de acuerdo en que esos lares son de los más bonitos que hemos visto en nuestras vidas.

Diferentes colores y tonalidades del rojo que ocurre por el hierro que está mezclado con la tierra, que al oxidarse se convierte en color rojizo.

Lo único que no ha sido muy cómodo es que ha llovido bastante más de lo que es habitual en esta época. De hecho estos meses de mediados de septiembre y octubre deberían de ser secos o casi secos, sin apenas precipitaciones, y sin embargo, aparte de que ha estado lloviendo unos cuantos días con 4 o 5 grados de temperatura, cuando salía de Bryce Canyon, y otro día en el Gran Cañón Del Colorado estuvo nevando con ganas.

Cuando se juntan la nieve y el viento en contra, uno se da cuenta de que no es el mejor día para pedalear.

La nieve la llevo bastante bien, porque apenas moja, pero que llueva a 4 o 5 grados y después tenga que acampar, eso ya me fastidia más. Pero no queda otra que tirar, vivir o sobrevivir con lo que toca. La gente suele ver o imaginarse el lado bonito de viajar en bicicleta, pero está también la otra cara de la moneda que pocos se dan cuenta que existe.

Pero como todo, todo termina, después de la tormenta viene la calma, y es ahí donde uno vuelve a disfrutar incluso más, porque acaba de saborear lo que es dormir en una tienda de campaña húmeda, dentro de un saco de dormir húmedo. Despertarse cuando aún está lloviendo con un frío que te entra hasta los huesos, y tirar.

Esos es justo lo que me pasó en Bryce Canyon, que cuando llegué al primer pueblo que estaba muy cerca de donde acampé, entre en una lavandería de auto servicio, y metí todo, absolutamente todo en la secadora. Desde la ropa que había utilizado el día anterior y por la mañana, hasta el saco de dormir e incluso la tienda de campaña. Pero como he dicho antes, el sol siempre sale después de la tormenta, y permite disfrutar otra vez.

Una de las cosas que más me gusta viviendo como un nómada, es saber, mas que saber, tener la certeza de que al final del día voy a encontrar un lugar tranquilo para poner la tienda de campaña y no tener que preocuparme de nada mientras duermo y me recupero para el día siguiente.

Cuando despues de andar buscando un lugar para acampar aparece este, no hay duda.

Todo lo explica la letra «Y»

Si nos ponemos en la base de la letra «Y» y comenzamos a recorrerla hacia arriba, hay un momento en que vamos a llegar a un punto de incertidumbre,
un punto en que de todas-todas hemos de decidir; hemos de tomar uno de los dos caminos que se nos presentan. A veces sucede en la vida, podríamos llamarlo «momento Y».

Esta vez escribo con nombre y en singular, soy Laura y voy a usar esta entrada para agradeceros y también, para despedirme.

Escuchando una voz interna que habla solo a veces, que es la que me guía siempre y que viene de lo profundo; he decidido echar pie a tierra, esto acaba de suceder, esta recién salido del horno. Amo el viajar en bici pero… algo en las profundidades me pide más; hay cosas que hace tiempo claman por su turno, por ser vividas, saboreadas y… la vida del «bici-nómadismo» te toma en un 200%.

En esa parada, caminando entre las secuoyas californianas

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me hicieron un par de encerronas de las buenas todas esas cosas que tengo pendientes por hacer, gritaban reclamando su turno y ademas… ¡¡ya!!, sin mas esperas, sin excusas. Son todas esas cosas que tengo ganas de hacer y no hago, pero que siguen ahí esperando siempre,
son esas cosas que cada vez que pienso en ellas, se me llena el pecho de alegría y la respiración se hace mas profunda, cojo mas aire, se abren los ojos.
Ellas… entre todas ellas me han convencido de echar el pie al suelo, dejar la bici a un lado.
«Ni para mi el viaje comenzó con la bici, ni voy a quedar atrapada en una vida que no desee por bajarme de ella», le repito a mis miedos cuando aparecen
diciendo que ¿a ver a donde voy?, que ¿a ver que voy a hacer?, que ¿como?, que tal… que esto y que lo otro.

Aitor sigue amig@s, ¡por supuesto que sigue!, es mas a día de hoy esta en ruta, rodando, ahora en solitario, del mismo modo que empezó su viaje.

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Dejare sea sea el quien os cuente en la próxima entrada del blog donde y anda y como va, porque por supuesto se de el… tras todos estos años, tras tanto
como hemos vivido juntos y compartido… por el simple hecho de que nuestros caminos se bifurquen no vamos a queremos menos; o a perder el contacto ni
nada de eso. Esto suma, suma en la vida de ambos.
Solo os adelanto que sigue hacia el sur del continente americano, imagino que rodara mas rápido y que sus noches bajo las estrellas serán mas silenciosas,
mas profundas, es lo que tiene el viaje en solitario… profundidad.

También os cuento otro secreto, con su permiso: metió sus botas de trekking en las alforjas, las de hacer expediciones, no las de las subiditas suaves.
Su espíritu montañero y sudamerica por delante con todas esas cumbres, volcanes…. creo que nos contara mucho mas que un viaje en bici, de aquí en adelante.

El libro sobre los tres primeros años de este viaje juntos, desde el comienzo en Nepal, hasta el final de Africa, ya esta parido; es mas, el maquetador lo anda
rematando. Ha sido una autoedicion en la que Aitor el primero, amigos y también familiares han aportado sus ganas y su tiempo para ayudarme a empujar, a que
saliera y… en breve lo colgare aqui en el blog, en Facebook tambien (Laura Aitor Plantate) y sera algo asi como lanzarlo al mundo, para que haga lo que tenga que
hacer y llegue a donde haya de llegar; mi parte, ya esta hecha.

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(cubierta, parte externa del libro, portada, contraportada y solapas)

Esta entrada es cortita, es poco para contados mucho; un cambio profundo en nuestras vidas que, como un corte… deja huella, una marca, y… también duele un poco.

Da miedo, si, a mi si me lo da
pero debajo de el hay una dulce sensación interna de querer hacer,                                     de saborear, de vivir todo eso que esta ahí, por ser vivido.
A ello voy con mis miedos de la mano.

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Gracias por habernos acompañado, ahora seré una acompañante mas de este blog, como vosotros, a través de el será un verdadero placer acompañar a Aitor
en su aventura en solitario por lo que va a ser, seguro, uno de los lugares mas espectaculares e impresionantes de todos estos años de viaje (para el van ya 12).

Muy, muy en breve, él os seguirá contando.

Gracias por haber estado, leído, contestado y seguido el blog; hacerme un hueco que ahora paso a sentarme entre vosotros para seguir a Aitor en su gran aventura.

Estados Unidos: vamos por partes.

Si algo hemos descubierto hasta ahora en los Estados Unidos es que los 
estados no tienen nada que ver entre sí, es más, parece que al pasar 
de uno a otro cambiaras de país porque incluso hasta las leyes varían; 
también el tipo de gente. 

Esto nos ha hecho pensar (en la bici uno tiene mucho tiempo para 
pensar) que EE. UU como fue realmente formado por inmigrantes, que 
es muy joven si lo comparamos con Europa, Asia o Africa y, suponemos
ambos que por eso, sucede que por regiones, por zonas, por estados... 
es tan y absolutamente diferente, pues fueron diferentes grupos de 
población, venidos de diferentes partes los que se asentaron, cada uno 
en su zona. 
Ha sido sorprendente e interesante el no haber encontrado para nada
esa norteamérica que teníamos en la cabeza de "hotdogs" y 
hamburguesas, de banderas y de 4x4 que... aunque la hay, no es lo que
abunda, o por lo menos en las regiones que nosotros hemos transitado. 
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Eso sí, se pueden decir cosas sorprendentes como que los gimnasios y
algunos supermercados abren las 24 horas, que el noventa por ciento de la
gente que esta en la calle (sin hogar) tienen problemas mentales, que es 
muy común alquilar almacenes (como si fueran garajes) para guardar las 
pertenencias extras que se tiene y que no caben ya en las casas.... esto quizá, 
es de lo que más nos ha sorprendido. 

También que su forma de hablar el inglés es mucho más divertida y
campechana, más expresiva y simpática que la de los demás países de habla 
inglesa que hasta ahora hemos visitado, uno, mientras tomábamos un café, 
nos decía (sobre el inglés):Los ingleses lo hicieron necesario y los americanos lo hicimos “cool” (guay)”.

 

Cruzamos directamente de Canadá a Montana cruzando el paralelo 
número 48 (en Alaska y Canadá, cuando se refieren a Estados Unidos lo 
llaman “lower 48” es decir “por debajo del paralelo 48”) y aunque cambiamos 
de país, no se percibía apenas algún cambio, lo que sentimos era que el 
terreno se resecaba y al tiempo que aparecían las vacas; desaparecían los 
osos y los mosquitos... Lo mejor: los bisontes, espectaculares, pachones y
 tranquilos pero... mejor no acercarse. 
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Zonas con más población y de repente, sin esperarlo en absoluto.... nos 
encontramos sumergidos en el más puro “lejano oeste”: coches viejos y 
grandes camionetas, sombreros y botas de cowboy, camisas atadas hasta 
el ultimo botón de arriba e incluso ¡¡espuelas!!, más de uno nos recuerda 
a lucky lucke... exactamente. 
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Casas con amplios porches y en ellos un par de esas grandes sillas-mecedora 
de madera, tan típicas de las películas.
-Have a Safe day- nos desea la gente. (“Tened un día en que estéis a salvo”)
-And you a happy day- les deseamos de vuelta. (“Y vosotros uno feliz”)

Calor, calor y muchos incendios.

También encontramos los primeros “Amihs”: se caracterizan por su manera 
de vestir al estilo siglo XVIII, y su resistencia a usar las modernas tecnologías, 
empezando por la televisión y muchos, incluso se niegan a usar el coche.
Estar entre ellos te hace saborear lo que sería viajar en el tiempo. Humildes 
y sencillos, también algo distantes.
En Idaho el sol ya comienza literalmente a doler, se siente que avanzamos 
al sur en línea recta y como el clima cambia poco a poco. 
Vamos por carreteras muy secundarias entre rocosas montañas en las que,
cuando el valle se cierra y se convierte en desfiladero.... nos parece ver a los 
indios allá arriba, dispuestos a protegerse organizando una emboscada a 
las caravanas de inmigrantes, que en busca de oro y riquezas avanzaban 
en estas tierras.

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La visita a Yellowston no estuvo mal, los geysers fueron lo más impresionante 
pero... sinceramente... cuando se viene de recorrer el estado del Yukón, las 
rocosas y los parques de Yasper y esa zona... no es nada del otro mundo, es 
más, hay tanta gente y coches, que solo dan ganas... ¡¡de marcharse a otro 
lugar!!, o... al menos es así para nosotros que, ya de tanto rodar el mundo, 
nos hemos hecho quiza un poco cascarrabias y peculiares. 
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Utah nos sorprendió por lo poco que sabíamos de este estado que es el de 
los mormones, un lugar en que el alcohol está prohibido entre estas gentes 
que, no beben ni café, pero que nos han brindado una hospitalidad como
nunca jamás hubiéramos podido imaginar en esta zona del mundo. 

¡¡Cuantos prejuicios aún siguen ensuciando nuestra visión del mundo!! y... 
¡¡que liberación es el deshacerse de ellos!!.


En la ciudad de Salt Lake, (el lago salado) nos recibía Steve y su mujer en 
su casa con todos los honores,
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al llegar tenían el jacuzzy de la terraza con vistas a la ciudad desde las alturas; encendido y preparado para que saltásemos a el directamente. Los conocimos

en Alasca, ellos viajaban en caravana con sus niñas y nos ofrecieron un café y bollos cuando nos vieron llegar sudados y cansados justo al sitio en que estaban aparcados. Allí nos ofrecieron su casa, abierta y sinceramente. Una maravillosa pareja que antes de tener las niñas viajaron con mochila y saben lo que es el viaje, han recibido hospitalidad y ayuda de otros y el ofrecerlo es una forma de devolver tanto como recibieron en su día. Así nos lo cuentan.

 

Decidimos hacer un alto en el camino, la costa californiana y especialmente 
las Secuoyas Gigantes nos andaban “llamando a gritos” y no había forma de 
pasar de largo sin hacerlas una visita así que ... teniendo la oportunidad de 
dejar las cosas en casa de nuestros amigos... decidimos visitar la costa. 

¿Cómo? De una manera inesperada, increíble, ejemplar y bellísima. 
Conocimos a Josh, un muchacho de la zona de San Francisco en casa de un 
“warmshowers” (el espacio de intenet en que la gente ofrece sus casas para
hospedas a otros que viajan en bici). 
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Estuvimos tres días juntos, hospedados por la misma persona y … al comentarle lo de la costa y lo que nos gustaría conocerla nos ofreció su coche. Nos dijo que su viaje iba a durar unos meses y que a el le vendría también bien si alguien se lo movía y no quedaba parado.

Por supuesto aceptamos.

Así recorrimos la costa y nos pegamos un descanso de la bici. Las Secuoyas solo se pueden comparar a nuestro parecer, a los baobabs…. no es lo que ves… es lo que sientes, no es su belleza… es más bien su presencia lo que impacta, lo que deja mudo, lo que vibra en el aire, a su alrededor. Pura mágia. IMG_1824 IMG_1619 IMG_1588 Esta parada quedará para ambos marcada para siempre, no ha sido solo un descanso sino… un punto de inflexión, hay un antes y un después de la visita a California y… ya nada… es ni será lo mismo para ninguno de los dos.

El porque… el como… el que…. lo dejamos para la siguiente entrada pues, esta ya es tan larga que, seguramente y según los que saben de internet nos cuentan:

¡¡el … 80 % de los que comenzaron a leer esto ya nos habrán abandonado a estas alturas!!  🙂

Gracias infinitas, profundas y coloridas a quienes nos habéis acompañado en este contar, hasta aquí abajo, a los que leéis cada entrada hasta el final… gracias por vuestra atención y vuestro tiempo, porque, es para vosotr@s finalmente que este blog existe.

Gracias sinceras por vuestra compañía.

 
 
 

Canada

Según nos han dicho, no podemos cruzar esta frontera con nada de fruta o verdura así que nos sentamos a comernos todas las zanahorias y manzanas que nos quedan antes de entrar en la oficina del lado Canadiense. Parece que también te hacen unas cuantas preguntas antes de darte la visa que se saca aquí mismo.

Un policía de unos 40 años nos atiborra a cuestiones…. ¿dónde váis?, ¿cuánto estaréis en el país?, ¿de dónde venis?, ¿lleváis armas?, ¿cual es vuestro oficio?, ¿como os costeáis este viaje?, ¿tenéis web, blog o hay algo sobre vosotros en la red?, ¿y entrevistas?… ni nos registra, ni mira en las alforjas, nada. Parece que hemos pasado la prueba; sello en el pasaporte y visado de 6 meses.

Entramos en el estado del Yukon, el cual según nos cuentan, es el que el gobierno de Canadá devolvió a los Nativos Norteamericanos (que aquí se llaman “first nations” (“primeras naciones”)) en compensación a todo el daño, todo el dolor y las injusticias causadas. Son tierras mucho más salvajes y puras que en otros estados, y aquí son los “primeras naciones” los que ponen las normas y hacen la ley.

Nada más pasar la frontera a nuestra derecha, tras la planicie, aparece un enorme corredor entre dos montañas que hace de puerta a los animales en sus migraciones, sobre todo aves y caribús. Una espectacular y bellísima entrada al país que nos trae como extra un interesante descubrimiento: siempre habíamos pensado ambos, que la zona que una vez estuvo totalmente helada e imposibilitaba el paso a los humanos, fue entre alaska y rusia pero… no, no fue así, sino que esa barrera helada se hallaba en este lugar exactamente; entre Canada y Alaska (por eso esta última fue inicialmente rusa y no americana). Nos quedamos boquiabiertos.

Comienzan los cambios. El principal es que el suelo es mucho menos húmedo que mas al norte, y gracias a ello los abetos son más grandes, sanos y resistentes, las ramas son más gordas y eso es una alegría para nosotros: nos facilita mucho la vida en las noches a la hora de colgar las alforjas, hay muchas más opciones.

 

Vamos descendiendo hacia el sudeste y cuanto más bajamos, más especies de árboles, plantas y flores encontramos; también de animales. Hemos encontrado en la carretera, pegándose su paseo matutino a coyotes e inlcuso un lince que se mantuvo tranquilo cuando paramos a su lado, y continuó como un gatito manso sin intención de escapar o desaparecer entre los arbustos, incluso llegamos a cruzar la mirada, mirarnos directamente a los ojos por un momento.

Instantes como estos valen su peso en oro, valen todo el esfuerzo hecho, todos los duros momentos… esa mirada salvaje y pacífica clavada en la tuya, en el medio de esta explosión de naturaleza en su estado mas puro hace que todo merezca la pena, te hace sentir parte del todo, un animal más en el mundo y feliz por estar vivo.

Las tardes-noches son espectaculares. Imaginad un lugar en el que esa mágica media hora que precede al atardecer en la que los colores cambian y se hacen más cálidos, en la que el cielo, el sol y todo lo que te rodea cobra esa especial belleza… imaginad que eso durara horas y horas… así sucede aquí, cada día, las noches son eternos atardeceres.

Durante el día la luz también es diferente, tiene un brillo muy intenso, tanto, que no hay quien saque una foto bonita.

Kilómetros y kilómetros de tierras salvajes, naturales, en su estado más puro; sin rastros del ser humano.

A penas nadie pone un pie en estos bosques infinitos, tan sólo los “tramperos” los cazadores que usan trampas, pero esos se internan en los bosques a pie (a veces para ir a zonas remotas usan una avioneta o helicóptero) y no dejan rastro de su paso a penas. Están totalmente integrados en el medio y eso saben sobrevivir en él; quedan pocos, son una raza en extinción. Ambos soñamos con encontrar uno y poder compartir un rato con él.

Bosques, glaciares, montañas, lagos… así debió de ser el mundo un día.

Nos lavamos en los ríos y acampamos cerca de ellos, vivimos ahora más que nunca ajenos al tiempo, el cual, si en la normalidad de nuestros días apenas sirve para nada, ahora que la luz es constante… nos es totalmente inservible. Como la noche nunca llega, podemos pedalear en cualquier momento, hasta la hora que nos apetezca.

Uno de los días lo hicimos, no nos podíamos ir hacia el sur sin saborear lo que es pedalear por la noche ¡¡¡entera!!!… de nuevo, esa palabra… no hay otra que lo pueda definir… mágia.

Aparecen los primeros osos a los lados de la carretera, estábamos deseosos y también inquietos. No llevamos el spray (el spray anti-osos ) y nos han contado casi siempre historias llenas de horrores y muertes pero… lo más importante y lo que más nos tranquiliza es saber que nosotros… no somos su comida.

Fue en Africa donde aprendimos que a los animales si los respetas, ellos (de nuevo si tu no eres su alimento) te respetarán a ti también. Hay que conocerlos, saber que hacer y sobre todo, que no hacer en su presencia: ahí está la clave.

(Ya os compartímos todo lo que nos han ido diciendo en cuanto a comportamiento con los osos en la entrada anterior en el blog: la de Alaska. Por ello preferimos usar este espacio para contaros cosas nuevas y no repetir lo ya escrito.)

Cuando andamos pedaleando y encontramos alguno, frenamos y echamos pié a tierra a una distancia suficiente para que no se ponga nervioso, entonces nos suele mirar. Nosotros le hablamos, agitamos los brazos al aire, arriba, colocados siempre cerca de las bicis para parecer muy grandes; como si la bici y nosotros fuéramos una misma cosa. Normalmente no tardan más de 30 segundos en girarse y perderse en el interior del bosque; a veces se marchan tranquilos, otros corren, de vez en cuando se giran para mirarnos de nuevo, elevándose sobre sus dos patas para después proseguir la marcha.

Los osos grizzleis son bastante más grandes que los negros (que son los que más abundan) y eso hace que no se asusten, por eso no se suelen ir cuando nos ven y la cosa con ellos suele llevar mas rato: todo es cuestión de paciencia, de darles sus tiempos y sobre todo de no intentar forzar pues en cuanto se sienta incomodo, fácilmente atacará.

Honestamente, acojona; hace que la adrenalina se nos dispare pero, al mismo tiempo y, de nuevo, nos hace sentir muy vivos, presentes y por supuesto: en contacto directo con la vida.

En Whithehorse, la primera ciudad canadiense, disfrutamos de paseos, de buena y abundante comida y de la hospitalidad de una amable pareja que nos hospeda de nuevo a través de warmshowers.org. ¡¡Por fín un descanso de un par de días, ducha caliente y camita blanda!!. El cuerpo lo agradece aunque nosotros al tercer día en la mañana estamos deseosos de terminar de empaquetar todo para poder salir de nuevo ahí fuera.

Es un placer inmeso pedalear estas tierras.

Lo único que se nos hace pesado cada noche, es el tener que colgar las alforjas: buscar el árbol que tenga las ramas lo suficientemente altas y fuertes para aguantar el peso, además, no pueden quedar pegadas al tronco pues los osos negros trepan y si las dejas muy cerca de él, podría subir y engancharlas a zarpazos por lo que, la rama… no puede ser una cualquiera, la cosa precisa de ciertos requerimientos. Después, una vez seleccionada, hay que entrar entre el denso follaje y una vez allí, atinar con nuestro enorme candado al que va atada la punta de la cuerda, que entre por el sitio exacto y que luego…. caiga y no se quede arriba enganchado. Atar la alforja, tirar de la cuerda y hacerla subir… ¡¡allí quedan!! hasta la mañana siguiente. 

 

La lluvias nos van pillando y ellas son las que nos marcan los ritmos diarios. No las esperábamos en esta época del año pero… aquí están, y nos toca lidiar con ellas con la mayor filosofía posible.

Lo principal es mantener la tienda y los sacos secos, eso es lo básico, lo más importante del día. Si sale el sol un rato hay que parar y colgar todo lo que esté mojado a secar. Aquí, ahora, no es tanto el avanzar sino, el sobrevivir, el sobrellevar lo que vaya surgiendo, los kilómetros son secundarios.

En estos lugares tan solitarios, de tanta naturaleza y tan poco ser humano, las pequeñas cosas, hacen grandes diferencias” – comentaba Aitor en la noche, antes de dormir- “el tener una galleta o dos para mojar en el café, el encontrar un lugar con techo aunque no tenga paredes donde poder cocinar tranquilo, sabiendo que no te vas a mojar, el tener agua para saber que puedes hacer el desayuno y no vas a salir con la barriga vacía a la día siguiente: eso es aquí la calidad de vida”

Vemos a diario muchos Alces, al principio creíamos que les gustaba nadar en los lagos, después nos fijamos en que buceaban por largos periodos de tiempo, finalmente nos explicaron que lo que hacen es comerse las algas que crecen en el fondo, que por lo visto son muy nutritivas y… ¡¡parece que les chiflan!!.

La «Cassie Higway» (la carretera Cassier) es la recta final del país: resulta bellísima y eso sí, con muchos más osos.

Adrenalina y alegría, paz y calma, esfuerzo y gratificación, naturaleza y vida, ¡vida!, cada día una celebración: así lo puedo resumir.

¡Queda siempre tanto por contar!, intentamos resumiros, ir al grano, quitamos del medio interesantísimas charlas y apasionantes momentos, visiones, detalles, encuentros…. para que esto no se alargue mucho pero… ¡hay tanto, tanto! que un blog no da, ni si quiera dan las fotos; no cuando la belleza del lugar ocupa los 360º, o cuando el glaciar es tan grande que hagas como hagas… no entra en la foto.

Lo intentamos de todos modos, para, aunque sea solo un poquito compartiros algo de lo visto y lo vivido en estas tierras del norte.

No podemos acabar sin por lo menos mencionaros la impactante belleza de las montañas rocosas… fue entrando a Jasper… ¡espectaculares!: de nuevo ese sentirse pequeñito como una hormiga, estos paisajes nos dejan en un profundo silencio físico y mental y, agradecemos el asfalto pues nos permite no tener que mirar la carretera para avanzar y podemos rodar sin quitarle el ojo a las cumbres, a las que uno podría quedarse observando eternamente.

¿Que ha sido de nosotros?

¿Qué es de nosotros?, ¿Donde estamos?, ¿seguimos pedaleando?… de continuo nos han hecho estas preguntas en los últimos meses y… honestamente, aunque suene raro… en algunos momentos nosotros también nos lo auto-preguntamos.

¡¡Acabamos de mirar el blog y es que… se nos ha pasado ya un año desde la última entrada!! madre mía que poco profesionales y como tenemos las redes de abandonadas… nosotros para pescadores… con las redes así… ¡¡desde luego que no servíamos!!.

Os podemos resumir… desde Alaska pedaleamos hacia el sur y cruzamos Canadá, también, una buena parte de los Estados Unidos y después… nos fuimos de descanso; no nos pudimos resistir a un sorprendente ofrecimiento que fue eso… irresistible.

Fuimos hospedados en el estado de Montana en una gran casa en la que paran muchos ciclistas, pues el dueño hospeda a todo el que pasa. Allí, compartimos unos días con otro cicloviajero que en un sorprendente arranque, nos ofreció su coche para usarlo tranquilamente mientras el pedaleaba. Le quedaban aún unos meses de viaje y tenía el coche parado en Oackland, California.

-Podéis recogerlo allí y usarlo todo lo que queráis, después lo dejáis donde estaba y… listo. Incluso para mí será mejor porque el coche no estará parado. Vosotros decidís, haced lo que queráis pero os aviso… la costa californiana y las secuoyas gigantes son algo… que no os debéis perder… una vez que habéis llegado hasta aquí… ¿por qué no?.

Eso fue lo que nos dijimos uno a otro: “¿Por qué no?”. Con un visado largo, teniendo todo el tiempo del mundo y nada de prisa… además el descanso fisicamente nos venía de perlas, recorrer las tierras del norte finalmente había sido duro, sabroso, exquisito pero… estábamos tocados, ambos y… sí, ya habíamos pensado en las secuoyas, en que nos las íbamos a perder muy a pesar nuestro pero, quedaban tan lejos que… no había manera de mezclarlo todo; en bici hay que elegir.

Aceptamos y ni cortos ni perezosos, nos fuimos a San Francisco a recoger el coche. Las bicis se quedaban en Salt Lake City, en el estado de Utah, en casa de una gran pareja que habíamos conocido en Alaska y nos habían ofrecido su casa. Steve nos contaba que ambos han viajado mucho, y lo siguen haciendo siempre que pueden; no hay nada que disfruten más que devolver la hospitalidad que ellos en su día, en sus viajes habían ido recibiendo. Un gusto.

Arrancamos en coche hacia el norte y rodábamos (esta vez sin pedalear) la costa hacia arriba; visitando, conociendo, encontrando maravillosas gentes que nos han tirado por tierra de nuevo, el mito de los americanos que teníamos montado en nuestras cabezas.

Las secuoyas nos dejaban sin habla, literalmente. La presencia de esos árboles es algo inexplicable y único, tan solo lo podemos comparar con ponerte delante de un baobab africano. Impactante.

Haciendo kilómetros arriba y abajo, charlando y haciendo planes salía de continuo “el libro”; eso, el terminar el libro estaba aún pendiente.

En Nueva Zelanda le hice avanzar pero… quedaba el remate, el terminar de sacarlo, de materializarlo, bajarlo de “mi nube” personal y, decidimos que éste también podía ser el momento.

Así ha sido….un poco en Estados Unidos y ahora el remate final en España (a la que hemos llegado justo a final de Mayo) y está ya… casi, casi listo, casi, casi… quedan los remates finales.

Es como cuando tienes un bizcocho en el horno y suena el reloj, abres, lo sacas, lo observas, metes el cuchillo… “mmm… no, aún le queda otro poquito” y lo pones 5 minutos más. Lo mismo pero… en libro.

Ahora está el tema de decidir si editorial o autoedición y … parece que va a ser ésta última casi seguro por lo que… aún quedará algo más de tiempo y de labor que dedicar al proceso pero, lo gordo ya está hecho.

Para final de septiembre volvemos a volar al continente americano. Allí siguen las bicis a buen recaudo.

En este tiempo que nos queda, retomamos las redes y os contamos todo lo que tenemos en el tintero, esperando a salir, pendiente de ser compartido.

¡¡Ha sido maravilloso gente!! esas salvajes y puras tierras del norte…. han sido espectaculares aunque también hemos tenido algún susto pero…. lo dicho, os vamos poco a poco, poniendo al día.

Alaska, un nuevo continente.

Aterrrizar en Anchorage… Alaska.

Tierras pensadas, soñadas, imaginadas y de repente… ¡aquí estamos!. Ya desde el avión podemos ver glaciares, nieve, ríos, la costa y el mar, cumbres blancas…

el corazón late más fuerte, el gesto se torna una sonrisa fija que no nos la arranca ya ni el dolor de cuello o de culo provocado por tantas horas de avión.

Alaska ¡¡hemos llegado!!.

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De nuevo montamos las bicis en el mismo aeropuerto. Desparramamos todo primero y, colocando cada pieza, cada tornillo, cada bolsa, cada parte de lo que llevamos en su sitio preciso; damos forma de nuevo a las bicis, a las alforjas y con todo hecho… nos volvemos a sentir en casa.

¿Casa?, ¿que es casa?… para nosotros desde luego no es un lugar ni un punto en el espacio, es claramente un sentimiento interno que nos lo provoca esa sensación de avanzar suave montados en la bici con todo cargado, avanzando… pero también el estar en la tienda de campaña, o en un espacio natural…

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El mundo es casa.

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Alces en plena ciudad. Anchorage está rodeada de mar y de altas y picudas montañas coronadas por glaciares. Una cicloviajera nos ha hospedado en su casa. Nos quedamos tres días en los cuales hacemos alguna caminata a las montañas y nos abastecemos de lo necesario para emprender camino mientras permitimos que el cuerpo se adapte al brusco cambio que acaba de suceder, hemos volado de la punta de un hemisferio a la otra, diametralmente opuesta.

Luz, luz constante, todo el día y toda la noche… luz.

A eso hemos de acostumbrarnos, no hay siquiera un rato ésta desaparezca, la máximo a lo que llega es a un intento de atardecer que apenas se diferencia del resto del día. Aquí lo de irse a la cama es algo que hay que decidir mirando el reloj, si te descuidas son las 2 o las 3 de la madrugada y aún no te has acostado ni te has dado cuenta que son mas de las 5 de la tarde. La gente tiene cortinas gruesas y oscuras en casa, las cuales, cierran a cal y canto para poder conciliar el sueño.

Salimos de la ciudad en dirección al norte sin saber realmente a donde nos dirigimos, nos han recomendado una pista que se haya bastante más al noroeste y que según nos cuentan es remota y espectacular pero… la chica que nos hospeda nos recomienda otra ruta diferente: la más directa a Canadá y, sin saber realmente cual será la decisión que tomaremos comenzamos a «hacer camino».

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La primera noche es de película, en la misma puerta de un supermercado y justo cuando nos íbamos, un par de militares se nos acercan; grandes, muy correctos y sonrientes, montados en un enorme, enorme «pick up» americano. Nos preguntan sobre el viaje y en seguida nos invitan a su casa, que no queda lejos, a comer salmón rojo a la plancha y pasar la noche. Aceptamos.

Interesante este primer encuentro y ver esa otra cara de la moneda con la que nunca hasta ahora habíamos tenido contacto. Inesperada la realidad de éstos hombres y sus ideas, su forma de ver el mundo. Por supuesto no faltan las anécdotas, las risas y… ¡¡las armas!!.

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Comienza el bosque, allá donde observes, hasta dónde la mirada alcanza… bosque; 360º de pura vida.

Finalmente y ya en el cruce de caminos nos decidimos por el noroeste, no tenemos prisa por llegar a Canadá y no hay motivo de buscar la ruta más corta; si hemos de elegir preferimos la más remota, real, salvaje, la que tenga menos tráfico y ya que estamos… queremos conocer el país antes de abandonarlo así que, teniendo en cuenta todo esto; sin duda la carretera Denali es la opción y «giramos el timón» dispuestos a recorrer las 212 millas (350kms) hacia el norte que nos distan del acceso a ella.

Aquí las medidas son diferentes, las distancias se miden en millas y no en kms, la altura se mide en pies y no en metros, el peso se mide en libras y no en gramos, e incluso la temperatura: aquí la miden en grados Fahrenheit y no en Celsius. Hay dos opciones… o te pones a sacar cuentas (en lo cual Aitor es una verdadera máquina) o decides (como yo), de una manera directamente proporcional a la cantidad de trabajo que te va a costar el andar calculando cada cosa; el olvidarte totalmente de los datos y… ¡¡listo, las cuentas hechas!! (la cual es quizá la opción más perezosa pero aún así, igual de digna).  

Somos de nuevo invitados en un pequeño pueblo a pasar la noche con una interesante pareja con los que de nuevo comemos salmón rojo a la plancha y aprendemos muchas más cosas sobre los osos.

Si, los osos. Eso es algo nuevo para nosotros pero que aquí es de lo más cotidiano. Andan por todas partes y hay que aprender a lidiar con ellos porque… un encuentro puede resultar en catástrofe total si no conoces ciertas normas de comportamiento.

Alaska, es el país del mundo con más población de ellos

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sobre todo oso Grizzly que son los marrones, los grandotes y que por cierto, no son los lindos y amables ositos de los dibujos animados, sino animales salvajes e impredecibles con los que hay que andarse con mucho cuidado; hay que aprender a respetarlos y ésta familia nos enseña de una interesante manera: hacemos entre todos una representación teatral de como sería un ataque.

-Así- nos dice David, el hombre- si alguna vez os sucede ya sabréis qué hacer pues ya lo hemos hecho y a quedado grabado, no tendréis ni que pensar. Como os he dicho, lo más importante en caso de ataque es nunca jamás correr pues si os ve hacerlo os va a atacará seguro, es su instinto; al veros correr se convierte en predador automáticamente.

Ya sabemos que hemos de colgar todas las noches las alforjas de la rama alta de un árbol alto bien alejado de la tienda; todas las que contengan comida o cualquier cosa con olor (incluso la pasta de dientes). Tampoco podemos cocinar cerca de la tienda para que no coja olor a comida, con todo esto, lo que tratamos de evitar es que se acerquen cuando dormimos en la noche. Los osos tienen un olfato por lo visto superdesarrollado y pueden oler a grandes distancias. Es por eso que añadimos algo personal a las precauciones, sin saber si valdrá o no para algo pero así nos sale hacer: cuando tenemos ganas de mear, lo vamos cada vez en un lugar diferente y en forma de círculo alrededor de la zona en la que estamos acampados, para esparcir  el «olor a humano» por la zona.

-Lo importante- me dice Aitor antes de ir a dormir esa misma noche- es que nosotros no somos su comida, no hay que tener miedo, solo tomar precauciones y no confiarnos.

-Sí, eso. Porque aunque no somos su comida, sí que quieren nuestra comida, y, según nos han dicho todos hasta ahora…. si se asustan… atacan así que, bueno, hemos de darles su espacio y como ha dicho David, si los vemos en la carretera, frenamos, les hablamos para que vean que somos humanos, o tocamos los timbres para que se vayan.- le contesto para repetir así de nuevo lo aprendido en estos días y en esa misma tarde.- ¡ah! y lo de mover los brazos arriba en el aire para parecer más grandes de lo que somos. Bueno… ya veremos.

Así hemos ido haciendo. El acampar con todos estos extras por hacer, requiere mucha más energía que nunca hasta ahora en ningún lugar de todos los que hemos recorrido pero aún así, merece la pena por el hecho de poder estar aquí, ver, rodar y experimentar éstas tierras.

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La opción de recorrer la carretera Denali fue finalmente un acierto; dura, sí, (sobre todo porque después de Nueva Zelanda y haber estado escribiendo el libro; estoy fuera de forma y el hecho de que estas tierras apenas estén habitadas hace que tengamos que cargar comida para muchos, muchos días y la bici pesa lo suyo. Hemos llegado a tener que cargar para 6, 7 e incluso ¡¡ 10 días !!).

La «Denali Higway», una pista rodeada de enormes y nevadas montañas, glaciares, ríos y llanuras infinitas sembradas de abetos y pinos a veces, otras, con simplemente tundra. Los lagos aparecen tan a menudo que se convierten en habituales, aquí y allá; embelleciendo el paisaje con sus tonos o reflejos y luz, siempre luz, y los pájaros activos durante toda la noche canturreando sin parar. Una noche que aquí, es un eterno atardecer.alaska 9895

A menudo paramos y contemplamos esta naturaleza en bruto en la que con nuestra imaginación, podemos ver perfectamente los tipis de los indios que sabemos, mucho tiempo atrás, habitaban éstas tierras. Vivían de la caza de Alces y Renos que son los principales habitantes de estas áreas junto con los osos, los castores y los montones de aves que en verano vuelven a aparecer.

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Silencio y paz pero algo más… ¡¡mosquitos!!… ¡¡dios!! tantos mosquitos como no podíamos imaginar… Hay montones de ellos que nos rodean y atacan si piedad incluso cuando pedaleamos (si bajas el ritmo por alguna razón) nos siguen en las cuestas arriba, nos rondan, nos acribillan la espalda, el culo, las piernas, mientras sudamos y andamos dándolo todo para avanzar en la cuesta… ¡¡nos sacan la mala leche los condenados!!… una verdadera pesadilla.

Compramos en la capital al llegar, unas redes que se colocan alrededor de la cabeza: son como una funda que te colocas para que no te piquen ni en la cara ni en el cuello y ayudan, ¡¡vaya si ayudan!!. Aprendemos también, algunas normas de conducta para poder evitar los cientos de picaduras: al parar para cualquier cosa que vaya a tomar más de unos minutos hay que vestirse, aunque haga calor, hay que vestirse de largo y ponerse prendas gordas que no puedan traspasar; doble calcetín, doble pantalón, e incluso los guantes de invierno para evitar las picaduras en las manos, ¡¡imaginaos!!, y… por supuesto: la red en la cabeza, vamos que… parecemos astronautas más que cicloviajeros.

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La verdad es que lo de los mosquitos le quitan mucho de romántico a estas tierras porque a la hora de acampar, de cocinar… incluso de ir a mear…. los tienes ahí, al acecho y cansa, cansa mucho más que las cuestas o las pistas de tierra. En el otoño según nos cuentan, al bajar de nuevo las temperaturas desaparecen así que, si un día volvemos; será en otoño.

Días y días de comer solo arroz con ajo y aceite; las provisiones se van acabando y no nos queda más que eso. La escasez te hace apreciar más todo de nuevo: el saborear una manzana o algo tan simple como un trozo de pan, ha llegado a ser un momento a celebrar, una verdadera fiesta.

Bebemos agua de los arroyos y filtramos de los lagos. ¿Bañarnos?, en los ríos pero… ¡por partes!… el agua está bien fría, es agua que desciende directamente de los glaciares y aunque no saca la roña, despierta y alivia de un modo delicioso el intenso picor de los montones de picaduras que nos tatúan la piel.

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Piernas arañadas de tanto andar entre matorrales y piedras, arbustos y abetos.

El cuerpo, con el paso de los días y las semanas olvida la sensación de dormir en blando, del agua caliente y entonces… entonces una/uno ¡¡vale para todo!!, ¡¡puede hacer frente a todo!!. Esta sensación es la más pura, profunda y gratificante que en todos nuestros años de vida ambos hemos saboreado:

hacer vida salvaje y estar rodeados por ella… por animales libres… sin rastros de humanos… así debió de ser el mundo un día.

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