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Nueva Zelanda, sin más.

Llegamos al aeropuerto por la tarde, con el cuerpo roto y perdido, con sueño, hambre y totalmente desconcertados por el extremo cambio de horario y de posición en el mundo.
Dormimos en las sillas del aeropuerto rodeados de tooodos los bultos y paquetes para no salir a la carretera de noche. Sueños a golpes y raros.
A la mañana siguiente nos tomó 4 horas y media recolocar todo en su sitio: sacar las dos bicis de las cajas y montarlas de nuevo, de eso se encargó Aitor, mientras, yo abría el resto de cajas sacando toooodo lo que llevamos y formaba de nuevo las alforjas. En aquella esquina del aeropuerto estaba desparramado todo lo que usamos, lo que necesitamos para la normalidad de nuestra vida, todo lo que poseemos. Era una sensación parecida a cuando te toca, o te da el siroco, te arremangas y dices….
-Hoy toca limpieza de armarios- y sacas todo para volver a meterlo una vez limpio, pues… igual-igual pero en el medio de un aeropuerto.

mosaico aeropuerto
Salimos directamente a carreteras secundarias. Ni tenemos interés en la capital, ni en coger carreteras principales por más que prometan ser llanas o acortar kilómetros, hemos venido a disfrutar, no ha acortar ni a escatimar, esto no es una carrera ni nuestra intención es llegar a ningún lugar.
La primera sorpresa fue el no encontrar gente en la calle, hemos hecho mucha Asia en los últimos años y tanta África en los anteriores, que nos hemos acostumbrado a los lugares donde siempre hay gente en todos lados, incluso caminando en la carretera, gente fuera, haciendo vida juntos, mezclándose.
El no ver a nadie nos resultaba tan chocante y frío que daba hasta repelús.
“Pero…¿dónde están todos?, ¿qué pasa aquí?, ¿cómo funciona ésto?, ¿habrá una fiesta en otra parte?….”

Días más tarde, descubrimos el misterio: la gente se mueve en coches, de su casa al trabajo y después, al supermercado (o a los puntos en que se compra), allí es donde se les puede ver, pero, el tiempo es limitado pues tras comprar vuelven al coche y de nuevo a sus casas. Mayormente así es como funciona todo. En el día a día, son las puertas de los supermercados el mejor sitio para verlos, observarlos.
Hubo algo que al ver a las gentes que pueblan este país nos dejó literalmente mudos, impresionados, fué chocante ver la cantidad de personas obesas que hay, no sólo gordos: obesos. Así es como ambos habíamos imaginado América, pero nunca hubiéramos pensado en Nueva Zelanda de esta manera. Algo enfermizo.
Lo que sucede lo descubrimos también más tarde: aquí se come mucha comida basura, la comida rápida americana hace furor y vale dos reales, la verdura y la fruta son bastante caras y muchos viven de fritos, de patatas de bolsa, galletas y bebidas azucarados. Esta realidad asusta.
En su mayor parte son los más pobres los más gordos, y en su mayor parte son los Maoríes (los nativos de estas tierras) los más pobres.
En los primeros días de pedaleo nos dirigimos hacia el centro de la isla, las montañas.

Nueva Zelanda mosaico a las montañas
Un inciso es necesario aquí, con vuestro permiso, para contaros que tras pedalear las islas Indonesas, nos decidimos a aparcar las bicis por un rato y hacer un par de viajes. Diferentes motivos familiares, (unos tristes y otros alegres) nos hicieron decidir que estas navidades era importante pasarlas con la familia.
El viaje te toma, te lleva, te tiene, te sucede y se alarga en el tiempo, se convierte en tu vida y los años pasan, puede que (como en nuestro caso) pasen muchos, muchos años y que pierdas algunos momentos verdaderamente importantes (quizá más para los otros que para un@ mismo) e irrepetibles. Aquí teníamos uno de esos momentos y encontramos de forma milagrosa, una buena oferta de vuelos, así que como el turrón, volvimos de nuevo…. ¡¡a casa por navidad!! pero antes… hicimos un curso de meditación en Nepal, y un par de meses de yoga en India, total: hemos estado cinco meses sin tocar las bicis que dejamos al marchar, a buen recaudo con un amigo en Kuala Lumpur (capital de Malasia) a la espera de nuestra vuelta.
Notabamos con las primeras montañas de la zona centro de ésta isla norte, los síntomas de la baja forma que especialmente en las cuestas arriba se dejan notar.
El dolor de la baja forma quizá se acuse más en la mente que en las piernas, el no dar, el no poder, el sufrir…. te puede hechar abajo fácilmente. Cuando un@ está fuera de forma, lo que hay que mantener fuerte es la mente, si fallan las piernas, ella, la mente, no puede fallar, sino…. estás perdid@.
Las montañas se iban sucediendo de contínuo y la lluvia pisándonos los talones no nos permitía tomar el tan esperado día de descanso, nos iba empujando, empujando.
La zona central de la isla es muy lluviosa pero una vez se llega a la costa este, todo se transforma y se reseca, apenas llueve y había que cruzar si o si, pues anunciaban grandes tormentas en los próximos días.

tormenta
También eso sucede al viajar así, dependes de los elementos, son el viento, la lluvia, el calor, el frío los que a menudo marcan tus ritmos y descansos, no eres tu quien toma las decisiones. Nada nos hace sentir mas libres, mas vivos, mas seguros y felices, que dejar las decisiones y ritmos en manos de la vida misma, y tomar lo que nos trae, agradeciendo.
Pedalear, es decir cicloviajar, para ambos no es sólo ir en bici y en eso coincidimos, cicloviajar es mucho más, es movernos con absoluta libertad y otra cosa, ha de ir unido a acampar; entonces es total, es un todo, una sensación de unidad con el mundo, con todo lo que nos rodea y por lo que transitamos.
Mear y cagar en el campo, no lo cambiamos por ningún baño, bañarse en un río, si, frío, pero… ¡vivo!. Sentarse en la hierba, mirar las nubes, las estrellas, los pájaros, sentir el viento, refugiarte del sol bajo un árbol, cocinar a un lado del camino… todo eso para nosotros, es viajar en bici.
En multitud de lugares, de paises, de momentos al llegar, al acampar en la tarde, nos hemos dicho:
-¡¡De nuevo estamos en casa!!.

Casa es todo, el mundo en sí, un mundo que personalmente y con el paso de los años percibo más como un Todo y no como algo dividido.
Aunque justo en éste país la división existe, si.
Un país vallado al completo y cuando digo todo, es eso: TODO.

Para nuestra forma de viaje eso significa dificultades: al medio día para cocinar, en los descansos para refugiarnos del fuerte sol (el cuál aquí es especialmente duro debido al agujero en la capa de ozono que… si, se deja sentir y hay que protegerse) pero como siempre, ante la dificultad…. hay que adaptarse, crear soluciones y cambiar hábitos.
Para dormir hemos estado preguntando a los granjeros si podíamos poner la tienda dentro de sus terrenos y así, hemos encontrado que aquí la gente es extremadamente amable y cordial. Siempre hemos recibido sonrisas e incluso alguna invitación a pasar a tomar una ducha y un té, nunca hemos visto un mal gesto ni un desprecio, siempre, siempre bienvenidos y finalmente, las vallas que aparentemente están ahí para separar, nos han traido el acercamiento a estas gentes y poder conocerlos un poquito más.
Interesante dicotomía.

mosaico dormir en casas

Andamos durmiendo también en los bosques, en los pocos trozos que quedan, pues hemos descubierto que allí no hay vallas y son nuestro lugar preferido, evitamos los campings e incluso los que son gratis, pues no hay nada como dormir en plena naturaleza, sonidos nocturnos sin identificar, animales, alguno se acerca y olisquea pero estamos tranquilos…. no son leones (much@s ya sabéis la historia), giramos pal otro lado la cadera y seguimos durmiendo en el mejor hotel de todos: la tienda y el bosque.
También volver a sentir en la mañana el cuerpo roto, cansado, tras haber dormido 9 horas ¡¡aún no me poderse incorporar!!; las muñecas, la espalda, los cuádriceps, el cuello, las manos… dolores y cansancio, pero hay que seguir adelante, y el cansancio, desaparece con los primeros 10 o 15 kilómetros, en cuanto el cuerpo calienta y la mente se despista con el paisaje.

dormir en bosques

Yamas, vacas, ovejas y lo inesperado de cuán parecido es éste otro lado del mundo en cuánto a árboles, flores, plantas… con la media montaña española. Después también nos cuentan que los colonizadores se cargaron los bosques originales y fueron trayendo e introduciendo árboles, plantas y cultivos traidos de sus países de origen, de ahí la aparente semejanza.
Ya se nos está poniendo color de gitanillos y tenemos las piernas picoteadas, también arañadas. El sudor ha dejado de oler y las manchas de importar, algunos churretes negros aparecen por la zona de atrás y abajo del cuello… estamos de nuevo en nuestra zona de confort.

A Nueva Zelanda, los Maoríes (Maorí significa “local” u “original”) que son las gentes que habitaban éstas tierras antes de la colonización, la llaman “Aoetaroa” que significa: “larga nube blanca”.
Reímos, sí, cada día para nosotros al ver de contínuo en algún lado del horizonte, a diario, una larga nube blanca encaramada en las montañas, cada día está y ha estado en alguna parte, en el horizonte.
Los maoríes ahora son minoría y andan luchando a día de hoy, por sus derechos legalmente con el gobierno y reivindicando sus tierras. Llegaron aquí según cuentan navegando en barcas de madera desde las islas del pacífico.
Grandes, fuertes, de piel y cabellos oscuros y bellos rasgos, siempre fueron fuertes guerreros, se saludan juntando la punta de la nariz y la frente en señal de compartir el aliento de la vida.
Es mucho más el trato que hubiéramos deseado tener con ellos, pero según íbamos descendiendo a la zona sur de la isla, hemos visto como la población maorí ha llegado casi a desaparecer en éste área. De todos modos en el tiempo que nos queda ya haremos por juntarnos, por estar y aprender más de estas gentes y su cultura.
Prometemos contar.

maories

Tras llegar a la costa este y justo en el cruce en que habíamos de decidir que ruta tomar, aparecen en dirección contraria dos ciclistas que vienen también cargados con bastantes alforjas, si, somos de la misma raza. Paran y comenzamos a charlar, resultan ser un canadiense y un americano que se disculpa por serlo.

El canadiense lleva 8 años viniendo a pedalear por aquí, y conoce todas las rutas, nos regala un mapa y nos indica una carretera que será más larga y si, dice, también más dura y montañosa pero promete la ausencia de coches y camiones, paz y tranquilidad y, por supuesto, cambiamos el plan y nos dirigimos a ella.
Así, por carreteras solitarias y montañosos parajes, seguimos poniendo las piernas en forma para la isla sur.
Llegamos, tras múltiples encuentros con lindas gentes que nos han ido ofreciendo sus casas como refugio, y su amistad como regalo, a Wellington, lugar al que nos dirigíamos llenos de emoción, pues un viejo amigo-hermano Iraní, hace años se traslado a vivir aquí y llevamos desde entonces, diciéndole que “ya llegamos Mehdi”, “ya vamos para allá”.
Le conocíamos en el 2008 en nuestro primer paso por Irán, en el 2012 tras Africa y salir de nuevo por Europa, pedaleábamos con él en el segundo paso por Irán por dos meses, juntos y a menudo partidos de la risa. Una linda alma, con un irónico y fresco sentido del humor al que por fin hemos vuelto a pegar un abrazo que llevaba años esperando en las alforjas.
Aquí estaremos un par de semanas o tres, compartiendo de nuevo, antes de arrancar a la siguiente aventura que os contamos en breve…. podemos adelantar que lo que viene son… sorpresas inesperadas que os dejaran quizá a mas de un@ boquiabiertos.

atardecer

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Un comentario el “Nueva Zelanda, sin más.

  1. Gracias por compartir vuestras experiencias! Acabo de llegar a este blog, y lo primero que me encuentro es Nueva Zelanda. Amo ese país! Lo conocí en el 2001, viajando, en mi caso en autostop, y puedo corroborar que es de la gente más amable que existe en el mundo “occidental” (pues esa es la cultura que lo domina todo allí, aunque sean las Antipodas), sean kiwis o maoríes. Me ha dado pena leer lo de la obesidad …cuando yo estuve allí no era una cosa tan frecuente. Que pena que algunas cosas (como la comida basura) se extiendan tan rápido…
    Seguiré vuestras aventuras a partir de ahora. Yo también he hecho algunos viajes en bici, aunque me falta aprender a ignorar la pereza y los miedos para lanzarme a uno mas largo 😉
    Saludos y buen pedaleo

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