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Nepal, como en casa.

Tras todos estos años de viaje, de recorrer el mundo, ver países, encontrar gentes… ambos coincidimos en tener a Nepal como el lugar más especial, el que mas nos gusta. No es solo la diversidad de este chiquito país que uno puede recorrer casi en un suspiro, y que te lleva de las más altas cumbres del mundo al llano tropical pasando por la media montaña, la cual por remota e inaccesible a motor esconde rincones, personas y espacios tan especiales como no puede uno si quiera imaginar, pero…. lo mejor: sus gentes.

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No conocíamos la parte este del país y nos sorprendió enormemente por lo desarrollada que ésta en relación al Nepal que ambos recordábamos y que, llegamos a pensar, tal vez habría desaparecido en todos estos años.
En tiendas y restaurantes ahora encontrábamos de contínuo algo que antes no había por ningún lado: variedad. La comida en Nepal ha sido desde siempre una, “Dal Bath”(arroz blanco con un cuenquito de sopa de lentejas y un poquiiito de verdura cocinada) y punto, no más. Ellos comen eso dos veces al día, todos los días de su vida y si los conoces un poco descubres para tu asombro como occidental, que no necesitan, quieren o desean otra cosa. Es más, si tu entras en un restaurante y pides “comida” te pondrán el Dal Bath, así lo llaman: “Khana” (comida), creo que eso lo dice todo.
Nos han contado en relación a esta nueva abundancia, que  muchos jóvenes emigran desde hace años a países como Dubai, Qatar, Malasia … y mandan dinero a las familias, así es como han aumentado el poder adquisitivo y la oferta en el mercado es por eso, algo mayor. Además, cuando los jóvenes vuelven normalmente ponen negocios nuevos y es así que en pequeños pueblos hoy se pueden encontrar cafés con wifi o tiendas con productos extranjeros, cosas así de revolucionarias, pero aún no es común.

Esto encontrábamos en la zona este del Teray (es el llano tropical que abarca de este a oeste toda la zona sur del país).

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En Kathmandú, la capital, conseguiríamos el visado de india y nos esperaba otro curso de meditación, ésta vez uno al cuál le teníamos como punto de mira desde hace tiempo y por fin llegaba el momento de tener acceso a él. El plan consistía en, una vez hecho esto, arrancar de nuevo y pasar el país antes de que entrara el calor, todo parecía estar sincronizado pero la vida nos tenía un cruda e inesperada sorpresa que cambiaría todos los planes. Ajenos a ello, pedaleábamos felices y disfrutando, haciéndonos a eso de ser ahora 3 los que viajamos juntos y aprendiendo a llevar las diferencias entre nosotros.
Una subida de 50kms que nos haría ascender de 200m. de altura hasta los 2.500m era el siguiente reto una vez pasado el llano Teray del este. Tras un descanso para estar frescos a la hora de encarar la ascensión, nos arremangamos los pantalones y ni cortos, ni mucho menos perezosos, arrancamos con una sonrisa. Dos días tardamos en alcanzar la cumbre que era algo así como la puerta a una nueva etapa y que, como comienzo nos regalaba las primeras vistas de los himalayas nepalíes,

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después, un poco de esa maravillosa media montaña que siempre nos inspira y nos trae las ganas de recorrerla un día a pie. Una zona salpicada por bucólicos pueblitos que traen la sensación a uno de haberse zambullido en un cuento de hadas. Siguen siendo éstas gentes de la montaña almas que viven en armonía con la naturaleza, respetándola y aunque cojen de ella, no destruyen, el equilibrio se mantiene y continúa. Gentes de paz, tranquilas, amables, sonrientes que realmente parecen ser felices.Viven en calma al ritmo del sol y de los animales, los ciclos de la naturaleza marcan los suyos, su vida. Entre ellos fácilmente se siente uno como en casa, relajado y en paz.

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Contaba Rafa que lo que más le sorprendía del viajar pedaleando es la cantidad de cosas que te pasan todo el tiempo, cada día, encuentros, sucesos, historias. Ello y el acceso a algunos rincones que pedaleamos en esta zona le empezaban a hacer pensar en recorrer otros países, en futuros viajes y es que … esto de la bici, la libertad, el hacer tu camino…. engancha.
El día que volvimos del curso de meditación dispuestos a volver a arrancar hacia el oeste, tuvimos un buen susto. Rafa nos abría la puerta de su habitación del hotel, y la imagen que encontramos fue impactante: había perdido muchos kgs hasta el punto de parecer un enfermo terminal de cualquier cosa, se movía muy lento, sin fuerzas, le costaba trabajo hasta el mantener los párpados abiertos, la mirada alta, incluso el escucharnos le agotaba, había que hablarle despacio para que entendiera, sus ojos parecían querer cerrarse y más que hablar, susurraba. Respiraba muy cortito y muy acelerado, asustaba, estaba mal, muy mal.

La suerte se puso de nuestro lado y a través de una gran amiga accedimos a la que es ya otra: Vanessa, una neumóloga que ha estado a través de internet a nuestro lado de un modo virtual pero contínuo y nos ha ayudado a comprender, hacer, continuar, y decidir en todo este proceso de la enfermedad de Rafa que nos ha tenido 25 días en el hospital en que intentábamos, para llevarlo bien, pensar en lo que vendría después, en lo que habíamos pasado hasta llegar aquí, rememorábamos momentos del viaje y paisajes venían a nuestra memoria para evadirnos del momento y de lo que supone estar en el hospital.

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Resultó ser una neumonía que se había complicado en si misma y convertido en algo aún mas gordo, con un nombre de esos desconocido e impronunciable pero que a uno desde el principio le suena mal. En el momento del ingreso nos dijeron que estuviéramos preparados pues en cualquier momento iba a ingresar en la UCI debido a su estado avanzado. Máscara de oxígeno incluso para dormir, pinchazos, medicinas, pastillas….25 días de turnos de 24 horas entre los dos.

En este hospital no solo había que acompañar a Rafa sino también llevarle cada comida pues no había servicio de comidas, tan solo tienes la habitación y el servicio de los médicos y limpieza pero, no existe si quiera la figura de celador y es el acompañante, el que tiene el trabajo de pagar cada día un montón de facturas, ir a comprar cada medicina, cada cosa necesaria para pruebas, análisis, e incluso hasta llevar éstos tu mismo al laboratorio y esperar allí por los resultados para llevárselos de vuelta al doctor.
Aitor y yo nos encontrábamos en la mañana un rato, cuándo nos pasábamos el relevo y nos contábamos novedades, desayuno juntos y…. uno a descansar y otro a dar el cayo.
El pasar un mes en Kathmandú ha sido duro por ser ciudad algo caótica, pero sobre todo por la contaminación y la falta de contacto con la naturaleza. Ha habido altos y bajos pero hemos buscado el darle la vuelta y llevarlo lo mejor posible. Los paseos de muy temprano en la mañana cuándo uno se dirigía al hospital, el acceso a restaurantes con todo tipo de comidas y el poder tomarte un cafelito de esos que no son de sobre, ademas de tener el hotel cerca de algunos rincones de la zona antigua que merecen la pena visitar temprano en la mañana,

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eran como un viento a favor que hacia llevar mejor el resto. También las charlas con la familia y como os decimos, Vanessa, han ayudado a soportar el trago. Gracias, gracias a todos.

Rafa volaba de vuelta a España y nosotros volvíamos a la normalidad, a la vida, a la naturaleza y a disfrutar de la libertad de nuevo. Recuperábamos la forma perdida mientras que acelerábamos al máximo pues, este retraso inesperado ha hecho que el calor nos haya pillado.
Tras un descanso en un bello laguito de las tierras aún altas, nos aventurábamos en descender acojonados, literalmente, al llano tropical que a tan solo 200m de altura en esta época, hierve de calor y uno parece haber descendido hasta el mismísimo infierno si cierras los ojos y solo sientes.

Pedalear el oeste ha sido enfrentarse a eso: calor.

Calor del que axfisia al respirar, del que cuando te pega el sol duele, duro, incómodo y agotador. El no poder dormir en las noches debido a no dejar de sudar ni en las horas más frescas…. desespera. Con mosquitos no se puede acampar al raso y meterse en la tienda de campaña dos personas con estas temperaturas es una agonía, el poner la mosquitera en el bosque, en éstos bosques, significa ser pasto de hormigas, termitas e infinidad de seres que furulan en las horas frescas buscando sustento, por lo que, muchos días nos metíamos en hotelillos buscando las contínuas duchas nocturnas y el ventilador. El problema con este último es que aunque Nepal es un país rico energéticamente, que incluso vende electricidad a India, su gobierno se embolsa el dinero mientras que la población sufre de vivir con contínuos cortes de luz que duran horas y suceden a diario en todo el país. Gentes que viven pobremente mientras de nuevo vemos un gobierno que se embolsa millones de contínuo que, de nuevo, se quedan en los bolsillos de unos pocos.

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En algunas zonas los cortes de luz tienen horarios fijos que los hoteles pegan en las paredes y sabes cuándo llegará el suplicio de que el ventilador…. deje de dar vueltas. Hoteles caros que se salen de nuestro presupuesto, tienen generadores que ruidosamente nos informan al resto de que allá, ahí dentro siguen estando fresquitos.

Levantarse a eso de las 4 de la madrugada y arrancar con los primeros claros,

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darle a las piernas para avanzar lo máximo posible antes de que lleguen las once cuando, no solo el calor del ambiente sino el que sale del asfalto debido al fuerte sol, pone al cuerpo al límite y las luces de emergencia se encienden. Da igual que vayas de fuente en fuente empapándote, al momento estás seco y “la máquina” te dice que puede reventar. Entonces parar y aguantar… el aire es caliente por lo que ni debajo de un árbol está uno fresco y los chiringuitos para comer suelen tener tejado de chapa por lo que aún con ventilador (si es que hay suerte de que funcione en ese momento) el efecto es de estar en un horno.

Aguantar, esperar con paciencia, intentar dormir si uno puede…. esperar y si ese día han habido las suficientes horas de electricidad de contínuo, beberse algo fresquito que aquí es todo un lujo.

Los primeros días esperábamos más horas para volver a la carretera pero después, nos dimos cuenta de que realmente el calor no remite apenas hasta la noche y que esperar….desespera, y decidimos tira. Echarnos de nuevo al ruedo sin pensarlo demasiado. Parar ahora aquí un poco, tirar un rato más, ahora parar allá, tirar de nuevo, bomba de agua y empaparnos enteros… tirar, una sombra, algo fresco, bomba de agua, tirar y así… hacer el día, los 100.

Nos propusimos hacer esa cantidad de kms cada jornada con el fin de pasar las tierras bajas y empezar a subir una vez en india, de nuevo, a las montañas lo antes posible. El hecho de marcarnos este reto era la única razón que uno podía ver, y tener para volver a salir a la carretera con esas temperaturas, el tener los 100kms al día como horizonte nos ha dado fuerzas para seguir y no pensar demasiado.

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La parte Este del país nos trajo el Nepal que recordábamos, nada que ver en cuanto a desarrollo con lo que habíamos visto hasta ahora, el oeste no ha cambiado, sigue viviendo en la austeridad,  está mucho menos habitado y hay bastante más bosque.

Desesperados ya de calor, acampamos mucho más, siendo pasto de los bichos que se meten bajo al mosquitera y descubriendo que ni aún durmiendo fuera el calor nocturno remite, y algo más: que los monos mean desde los arboles justo al despertar y por supuesto, no miran donde cae. Tuvimos suerte.

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Aún así, hemos andado de celebración, no solo por estar y viajar entre estas gentes maravillosas y este lindo lugar, sino por pasar de nuevo por el “Parque Nacional de Bardía” lugar en que hace años nos conocíamos y surgía casi como un juego el unirnos para, juntos, dar término llegando a España en unos 8 meses, al viaje de Aitor.

Han pasado sin darnos cuenta algo más de 6 años y aún seguimos girando el mundo, aquello que comenzaba como una aventura con principio y final, se trasformó, alargó, y nos ha llevado a recorrer lugares que nunca imaginamos siquiera visitar, y a día de hoy, aún nos hace levantarnos entusiasmados, con ganas y con algo claro: continuaremos pedaleando mientras el hacerlo nos siga haciendo felices.

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3 comentarios el “Nepal, como en casa.

  1. Impresionantes las fotos.
    Vaya susto, pero del habéis sabido salir y nos sentimos muy orgullosos de vosotros por haber estado ahí con Rafa, si no hubiera sido por vosotros…..
    Besos

  2. Animo desde Alberic (Valencia) es inpresionante lo que estais haciendo
    que bonita que es la vida vista desde una bici. Un saludo os seguire de ahora en adelante

  3. Me gusta leer viajes de aventuras en bici , me entretienen me veo a mi mismo y me hace pensar que haria Yo en esas situacion,
    Os envidio.

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