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Nos vamos a casa.

Si, como habéis leído: nos vamos a casa. El invierno nos viene pisando los talones y en estas tierras, éste es un señor muy alto y fuerte que no se apiada de nada ni nadie y, por más que le damos a los pedales no nos lo podemos quitar de encima.

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Desde que tras “la Pamir” nos metimos por unos días en que nos declaramos oficialmente “en vacaciones” en el “Valle Whakan” (el cuál acompaña al rio Whakan, frontera natural entre éste país y su vecino Afganistan) no hemos vuelto casi a ver el sol. Subimos por el valle curiosos de ver a los Afganos cerquita, y nos sorprendimos de cuánta cercanía, ahí, al otro lado del río saludándonos a menudo los veíamos a diario. Ese otro lado del río parecía estar muchos años atrás en relación a éste y es que, si Tajikistán es humilde, Afganistán parecía serlo mucho más.

Fué la sincronicidad la que nos llevó a parar a comer algo justo en un punto en que desde el acantilado podíamos observar toda la vida de un pequeño pueblito que, en el otro lado y mucho más abajo se hallaba. Fué la curiosidad la que nos hizo asomarnos y descubrirlo. Era mediodía pero decidimos acampar y pasar el resto del día como dos vecinas cotillas: tomándo tés allí asomados, con la mirada clavada en lo que ante nuestros ojos se sucedía. Desde nuestra posición privilegiada podíamos ver los patios internos de las casas y las diferentes alturas del pueblo, el ir y venir de todos y cada uno. Era como estar ante un enorme belén viviente. Al estar mucho más altos, parecían no percartarse de nuestra presencia y, excitados y curiosos nos mantuvimos allí por horas disfrutando como niños.

Afganistan

El Sr. Invierno hizo su aparición a los pocos días y aunque se lo pedimos, se resistió a aguantar un poquito y refrenarse. LLuvia y nieve, frío y muy pocas horas de luz comenzaban a hacer de los días de pedaleo algo no tan divertido ni satisfactorio como hasta ahora.

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Andábamos pedaleando y contándonos el uno al otro en el tiempo de la comida, en el de antes de dormir, en las paradas cortas; la lista de cosas que íbamos a hacer en esa casa que a tan sólo unos 600kms nos esperaba y que iba a ser, nuestro refugio por un par de meses. Osh, una pequeñita ciudad en el sudoeste de Kyrgyzstan era el sito elegido al combinar el ser barato e interesante por la mezcla de gentes y culturas. Además el enorrrrme bazar nos haría más facil la época de invernación y la posibilidad de tener más de un fogón para cocinar, o poder tomar una ducha caliente cuando uno quiere, la luz eléctrica que nos permitiría alargar los días o un espacio donde sentarnos y estar calientes, nos hacía soñar despiertos mientras seguíamos avanzando cada día un poco más cerca.

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Al llegar a la frontera con Kyrgyzstan (a tan solo 3 días de que nuestra visa caducara) nos llevamos una sorpresa nada agradable: habían cerrado la frontera al paso de turistas hacía tan solo un par de días. Al principio creimos que era una broma de mal gusto pero los ademanes y gestos de los policias nos dejaban claro que era real y que además, no tenían muchas ganas de vernos por allí, que nos largáramos y nos buscasemos la vida.

No podíamos creerlo era como ir corriendo por un pasillo oscuro viendo la luz clara del día allá fuera y, justo unos metros antes de llegar, recibir un portazo en las narices.

Ambos reaccionamos bien y rápido sin quedarnos enganchados en malos humores o quejas, juicios o discursiones que ya, no valían de nada. Había que trazar un nuevo plan de inmediato para salir del país antes de que la visa se nos caducara, de otro modo íbamos a tener serios problemas con la policia y una enorme multa que, ni vendiendo todo lo que llevamos podríamos pagar.

La única opción para salir del país se hallaba a 800kms y no quedaba más remedio que buscar algo que nos hiciera avanzar a más velocidad de nuestra media en bici de 20km por hora, lo cuál, iba a ser todo un reto pues esa zona no estaba apenas habitada y, con el añadido de que habían cerrado la frontera también al trafico internacional de camiones, no quedaba por allí ni el apuntador.

El sol había desaparecido tras las montañas hacía rato, rondábamos los -20C y aún seguíamos rellenando papeles para poder volver a entrar al país de nuevo. A esas horas tendríamos que estar ya con todo montado pues el frío no perdona en estas latitudes y los guardias seguían recitándonos orgullosos la lista de jugadores del Barça y del Madrid.

– Abre la barrera de una p… vez tio – decía para mis adentros mientras asentia con una amable sonrisa – Yes, yes Iker Casillas…. yes. Bueno, bye bye.

Le dimos a los pedales lo mas rápido que podíamos para entrar de nuevo en calor, hasta llegar a una parada de autobús de piedra que habíamos visto al pasar y que nos podría servir de regugio. Llegamos ya con las últimas luces y a unos cientos de metros vimos movimiento de gente en una especie de nave gigante, algo parecido a un garaje de camiones. Decidimos acercarnos a pedir agua para poder cocinar, pues con todo el jaleo habíamos olvidado rellenar las botellas y… fué allí que la tortilla se volvió a dar la vuelta. Ya se sabe “una de cal….”.

Un hombre se acercó al oirnos silbar y llamarlos desde fuera de la valla. Al llegar nos dió la mano y entre gestos nos hizo entender que el día anterior habíamos pasado por su aldea y lo habíamos saludado al pasar. Parecía estar encantado y cuando entendió lo sucedido y en la situación en que nos encontrábamos, su cara se tornó seria y tras pensar un segundo lo organizó todo. De nuevo entre gestos nos hizo comprender: iríamos con el en su camión hasta su pueblo que estaba 70kms en nuestra nueva dirección, cenaríamos, dormiríamos en su casa y al día siguiente nos ayudaría a encontrar una solución. Para cuando nos dimos cuenta estábamos ya en su casa con una cena de reyes frente a nosotros, calientes y dándo gracias a la vida.

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De nuevo a la carrera, esta vez en taxi compartido, la única opción de conseguir llegar a la frontera a tiempo. Desmontamos las bicis e hicimos casi magia para conseguir colocar todo dentro y que cerrara el maletero del Jeep, conseguimos un buen precio y descubrimos en el trayecto otra realidad del país de la que no nos habíamos dado cuenta: el montón de dinero que los policias recaudan ilegalmente de los conductores. Se colocan al borde de la carretera y levantando una porra negra que hacen girar estilosos, van parando a casi todo el que pasa. Los conductores se bajan con el carné en la mano y detras de el un billete. Es la forma de no tener problemas. Lo increible es la cantidad de policias que hay a lo largo de la carretera; en 400kms nos pararon 5 veces y ya, todos en el taxi mirábamos al conductor con pena y congoja.

Y de la capital, otra vez al norte por otra carretera secundaria, eso sí, esta vez las bicis y el equipaje iban mucho mejor colocados.

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Llegamos, finalmente llegamos (aunque el último día en los últimos kms nos perdimos y tuvimos que hacer kms extras pues, resulta, que había dos fronteras y nadie sabía cual era para nacionales y cual para extranjeros ). No le dimos un beso al policia en plena frente cuando por fín nos puso el sello porque … bueno, no era plan pero no por falta de ganas.

Pareciera que de repente al cruzar la frontera un echizo se hubiera disuelto y el mundo tuviera otro brillo y, bueno, de cierta forma si que lo tenía pues en este recorrido habíamos bajado mucho en altitud y de repente estábamos pedaleando en la llanura. El clima había cambiado, el sol brillaba en el cielo limpio y hizo las delicias de los tres últimos días de pedaleo.

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Y aquí estamos gente ¡¡en nuestra nueva casita de Osh!! disfrutando de lo lindo y aunque hay nieve y mucho frío, desde detrás del cristal …. miramos al Sr. Invierno ya, con otros ojos. 

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5 comentarios el “Nos vamos a casa.

  1. La verdad es que estamos disfrutando un montón con el relato. Toda vuestra aventura tiene el sabor de la autenticidad 100%, qué auténtica tiene que ser la vida cuando la única necesidad vital es, en un momento dado, conseguir agua para coicnar y comprobar, además, que hasta en los momentos más difíciles siempre se encuentra una puerta abierta y una mano tendida dispuesta a ayudarte. En fin…y esas fotos de cicloturismo extremo entre la nieve y a no se cuántos grados bajo cero!
    Salud y un fuertísimo abrazo (a veces nos gustaría estar ahí, pero por lo menos nos acercais un poco la realidad de esos países tan desconocidos para nosotros)!
    Juan Luis

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