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La Pamir Highway

Los Pamires, el mundo en bruto, sin habitantes apenas que lo hayan tocado o transformado. Un mundo en estas altitudes demasiado duro y extremo como para que el ser humano pueda soportarlo. La cordillera del Pamir, una de las más altas del mundo, se podría decir que es un punto de reunión de varias cordilleras y junto al Tibet, era y es conocida como el “Techo del Mundo”.

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La carretera que la recorre y por la que nos aventuramos a cruzar estas tierras (Pamir Higway), fue construida por el ejercito soviético hace unos 80 años para facilitar el transporte de soldados y mercancías a esta inhospita región del planeta.
Osados y decididos comenzamos este recorrido por las alturas del que nos habíamos quedado con las ganas 4 años atrás, cuando cruzamos Kirgistán en dirección opuesta. No íbamos solos, compartíamos carretera con Javier (bicicleting) y Natalia. Los cuatro habíamos decidido hacer equipo y encarar juntos esta peliaguda aventura:  cruzar los Pamires a principios de Noviembre.

Salimos desde Sari-Tas en dirección sur hacia las enormes cumbres blancas que majestuosas parecían esperarnos tranquilas, observándonos mientras luchábamos contra el viento que parecía no querer dejarnos cambiar de país pero, este primer día era solo de acercamiento, sería al día siguiente (completo de subida) cuando ascenderíamos hasta los 4230m punto en que se halla la frontera.

Estas altitudes imponen limitaciones al ser humano, la más importante es la falta de oxigeno debido a la presión, uno la sufre hasta que el cuerpo poco a poco se va aclimatando. Así fue que en esta primera ascensión sufrimos de lo lindo.

Tu cuerpo puede, las piernas dan de sí, los cuadriceps aún no han empezado a quejarse, pero tu respiración parece indicar que estas al borde del paro cardíaco; incluso asusta oírse a uno mismo, es como oír la respiración de otro a tu lado. Paras no por cansancio, sino por temor a que los pulmones exploten, lo increíble es el tiempo que tras parar, aún necesitas para recobrar el aliento y … en cuanto arrancas, tras unos segundos, ya estas de nuevo. A menudo tuvimos que echar el pie a tierra y empujar la bici por unos metros hasta estar tan cansados que, subiéndonos al sillín y pedaleando recuperábamos fuerzas en los brazos que flaqueaban del esfuerzo y cuando ya no podíamos más, volver a empujar de nuevo.

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Si una cosa hemos repetido a menudo ha sido la increíble variedad que estas tierras te regalan, cada día parecía que recorríamos una zona del mundo diferente, nada de monotonía ni de aburrimiento, imposible no parar a cada rato para hacer una foto o comentar con los otros la asombrosa belleza del paisaje que nos rodeaba.

Tras descender de ese primer puerto, continuaba la planicie en la que comenzó a aparecer hielo en la carretera, lo cual era para mi una novedosa y excitante experiencia. Al principio con mucho miedo me dejaba deslizar por encima de la heladísima carretera recordando las palabras de Aitor, Javi y Natalia:
“-Tú como si fuera arena, no gires el manillar, siempre en recto y sobre todo no frenes.”
Con los brazos y el cuello rigidos y encogidos por la tensión, me metía en cada placa de hielo cerrando los ojos incluso a veces, totalmente aterrorizada ante ese avance al peligro desconocido. Tras unos kms fui soltando el miedo y por lo tanto siendo más capaz, fue de nuevo una lección que me recordaba que es el vivir las cosas lo que nos enseña, el atrevernos a experimentar lo que nos hace saborear el estar vivos, el seguir avanzando ante el miedo lo que nos hace crecer y aprender.

Uno de los momentos álgidos de la Pamir fue cuando tras una ligera cuesta y una vez pasada la cima, apareció ante nuestros ojos el lago Karakul (el cual fue creado por el choque de un meteorito hace más de 10 millones de años) y aquí, gente, va que ni pintado eso de:   “una imagen vale más que mil palabras”…

Además allí encontramos una de las poquísimas zonas habitadas de toda la Pamir, un pequeño pueblito con un par de lugares donde comprar lo básico, un pozo para coger agua y un nuevo amigo que nos invito a yoghourt, té y unas pequeñas bolas de masa frita. Con los pies calentitos y la cara limpia, la barriga llena y la bolsa de “la despensa” también; salimos alegres y animados a continuar la ruta.

4.655m de altura alcanzamos al día siguiente. Sabíamos del puerto que nos esperaba, el paso “Akbaytal” y estábamos por lo tanto mentalizados. Finalmente, en esto de pedalear con bicis tan pesadas lo más importante no es la fuerza física, sino la mental, esa es la que te ayuda a volver a subir de nuevo a la bici cuando estás reventado, la que te empuja a continuar cuando el físico ya no da más y la que te hace alcanzar las cimas más extremas y agotadoras.
Cada uno a nuestro ritmo fuimos escalando a golpe de pedal, a ratos a pie, observando a los otros allá abajo o arriba, que dándolo todo compartian la hazaña y eso, ayudaba a continuar, seguir y seguir, recobrar las fuerzas, el aliento y… ¡arriba de nuevo!. El asfalto había desaparecido a principios del día y eso lo complicaba más, por otro lado, ya llevábamos unos días alrededor de los 4000m y la buena aclimatación se dejaba notar.                                                                                                                                Así alcanzamos la cima del puerto más alto de la Pamir.

Dormimos tras pasar la cumbre, en unas casas que los nómadas usan en la primavera y que encontramos abiertas y limpias. Allí paramos y fué toda una fiesta, chapatis, pasta y la tableta de chocolate que traíamos para celebrar este momento.

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El transitar estas inmensas extensiones en las alturas que en silencio y ajenas al resto del mundo aquí se hallan, mas que una proeza es un regalo. Grandiosidad, vastedad inaccesible en que uno se siente insignificante, nimio.

Silencio, el silencio del mundo y los sonidos que lo componen… paz y calma.

Bello si, pero también duro en momentos, ya que se está muy limitado en estas extremas tierras: el frío limita, el invierno también. Hay muchas menos horas de luz y por lo tanto menos tiempo de pedaleo, muchas horas en la tienda, esperando literalmente a que se haga de día, salga el sol y nos permita salir de nuevo de los sacos. Aparte, lo atareados que de repente estamos, hay mucho que hacer: el simple echo de obtener agua se complica cuando los manantiales y ríos están totalmente congelados; hay que coger nieve y derretirla en la cazuela poco a poco pues es una gran cantidad la que se necesita para llenar una botella de litro.

El frío en momentos ha sido tan intenso que dolía, pero el haber pedaleado este invierno en Europa me enseñó. Allí sufrí los sabañones y demás penas que esta vez, he evitado con tan solo adoptar unas costumbres que Aitor me fue dictando día a día. (Sobre éstas ya que nos han sido de gran utilidad, escribiremos la siguiente entrada ahora que tenemos tiempo y ganas pues creemos que os puede resultar interesante.)
Javier que lleva termómetro, nos iba informando de las temperaturas (que a veces es casi mejor no saber pues parece que aún te entra más frío) así os podemos contar que llegamos la noche más fría a los -28ºC, o que estábamos Naty y yo preparando el desayuno tan panchas con -16ºC diciendo: “parece que esta fresca la mañana, ¿no?”.
Y es que te “asalvajas”, así poco a poco y no te das ni cuenta pero cuando vuelves a tener contacto con la gente…lo ves claro.

Y más belleza cambiante y buena carretera, que da para pedalear relajada y observar el paisaje sobre todo cuando vas suavemente descendiendo altura, como pasó llegando a Murgab la pega es que comenzó el viento en contra en esas eternas rectas y los cuatro, haciendo relevos lo convertimos en algo mas divertido y ameno. Paradita a comer algo y llegar.

Allí hicimos un descansito de un día, el baño y lavar la ropa quedaron en utopía pero descubrimos un poco de como se vive aquí: en toda esta zona en el invierno no hay gas y la electricidad sólo la dan algunas horas en la noche en algunos de los pueblos, (normalmente a una intensidad bajísima). Aquí se vive en la escasez aunque no en la miseria, los alimentos son carisimos (incluso la harina que ha convertido el pan un articulo de lujo) y lo que se tiene es lo que los animales (yaks) proporcionan. Fue una sorpresa para nosotros el descubrir que éstos tan sólo dan 700ml de leche en un día. Nos contaban que en invierno beben té con sal y manteca de yak, es ésta una de sus pocas fuentes de calorias. Dura vida la de estas gentes.

Atrás quedo Murgab y también Javi y Nati pues ellos eligieron adentrarse en el Whakan Valley y nosotros curiosos por ver el “fin de fiesta”, decidimos recorrer la Pamir hasta el final.
Justo antes de bajar al valle, aún teníamos dos puertos más y nosotros andábamos ya casi de relax dando la dureza por terminada pero, tras el primer puerto en que el asfalto volvió a desaparecer y la tierra-arena-piedra nos lo puso difícil, un gélido viento en contra comenzó a azotarnos con dureza y el cielo comenzó a ponerse feo. Fue por eso que aunque el hambre avisó no paramos a comer, queríamos pasar el puerto cuanto antes pues sabemos que a los 4200m no se puede andar cantando eso de “que llueva, que llueva…”, es mejor salir zumbando y eso hicimos. Empapados en sudor por el esfuerzo, continuábamos hacia arriba luchando con el frío viento que se metía por las ranuras y nos iba robando el calor. El tiempo iba a peor y mi cuerpo estaba perdiendo calor y fuerzas, no habíamos comido desde la mañana, ya eran las tres y la pendiente, la lucha y el frío me estaban dejando poco a poco totalmente debilitada. Fue entonces que comencé a sentir mareo y decidimos parar a comer resguardados por una pequeña elevación junto a la carretera que era la única opción posible en aquel lugar. Había que comenzar a cocinar y prepararlo todo pero algo dentro me pedía dormir, tumbarme y dormir…. me puse toda la ropa intentando recuperar calor, pero tenía el frío metido y no lo conseguía, el viento continuaba y me sentía más y más débil. Aitor mientras, había preparado la comida y se aventuró a encontrar agua corriente en algún punto del congelado río. De repente sentí una fuente de calor cerquita, la única creo en muchos kms a la redonda: ¡¡ la olla express!! que soplaba un chorro de vapor caliente hacia arriba. Así, sentada casi encima de la olla sentía como ese chorro de calor estaba dando la vuelta a la situación y comenzaba a recuperarme.

Tras comer, subí a la bici al instante para no perder el calor recuperado y continué mientras Aitor, se quedaba allí recogiéndolo todo. Fue en la cima que me alcanzó, apareció tras de mí y juntos coronamos el último puerto escapando así del temporal y comenzando el descenso totalmente recuperados.

Ahí terminaba “el mundo de las alturas” y comenzaba el descenso a zonas habitadas.

Rescato de mi diario una frase que explica el sentimiento (compartido por Aitor) al comenzar a descender :

“El haber recorrido estas tierras entre la cordillera de Los Pamires me ha echo enamorarme de nuevo del mundo, de la vida, de la grandeza que nos rodea y sentir la conexión con la Tierra como hacia tiempo no sentía. 

Siento pena de salir de la Pamir, de volver al mundo. Una parte de mí sería feliz de convertirse en uno de esos leopardos de las nieves que rondan estas tierras y quedarme aquí eternamente…..”

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El valle hasta Khorog continuó siendo un regalo en cada giro, una sorpresa en cada curva de la carretera que serpenteante, acompaña al río en su descenso rodeada a ambos lados de las enormes cumbres nevadas. Allí conocimos a los Pamires, las gentes que desde tiempos inmemoriales habitan el valle y que destacan por su hospitalidad y su buen trato al viajero.

Siempre atentos, en cada pueblo a cada momento invitándote a comer, a té, a dormir, bastaba con cruzar la mirada con uno de ellos para recibir una invitación.

El encontrar ya en Khorog a nuestro amigo Dilnavoz, que hablaba un perfecto inglés, no solo nos hizo la vida más fácil (y barata) sino que nos hizo comprender mucho de la situación de la zona, de estas gentes y la represión a que están sometidos, de sus costumbres y tradiciones y quedamos algo así como enamorados de lo que de nuevo dejábamos atrás.

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12 comentarios el “La Pamir Highway

  1. uauuuu…..! qué bello es leeros, seguiros la pistita, desde aquí, estando tan lejos, y sintiéndoos tan cerca… muchísimas gracias por compartirlo…! Un auténtico placer…

  2. Que bueno chicos! leeros y a la vez recordar este reto que compartimos..sin duda nos compenso al 200%. Os mandamos un abrazo muy fuerte desde Iran donde nos acordamos mucho de vosotros y de todas vuestras recomendaciones jejej!!!
    Naty & Javi!

  3. Feliz año Laura y Aitor!!!! Menudo relato, menudas imágernes y cuanta envidia desde el calor y la bundancia de las Navidades, jejejejej Seguid descubriendo ….

  4. Chicos…os admiro tanto!!!!
    Sois fantasticos y gracias para darme la oportunidad de ver estas maravillosas fotos y ver que maravilla es el Mundo…si que vale la pena vivir y disfrutar de cada instante…Os deseo mucha suerte, salud, paz y Amor!
    Un abrazo muy fuerte, Elena de Fuerteventura

  5. Pingback: Pamir Highway | Blog | Cicloviajes | Guías de viaje | Rodadas.net

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