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Los primeros dias en Iran fueron pasados por agua, a veces las tormentas caian con tal fuerza y rapidez que tan solo teniamos tiempo de escondernos bajo los canales para el agua que cruzan la carretera por abajo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Té negro, especias, frutos secos y esa especie de tampon gigante blanco que es el azucar preferido por los iranies. En vez de poner éste en la taza y remover para que se deshaga tienen una curiosa forma de tomarlo: ponen un trocito dentro de la boca y manteniéndolo ahí van bebiendo hasta que se deshace.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La hospitalidad hacia el viajero en Iran a veces llega a ser casi extrema. En la carretera sucede a menudo que camioneros y coches paran, abren el maletero y sacan de él frutas, panes, agua….¡¡ incluso en pleno desierto ya nos llegaron a regalar una bandeja de helado!!.
El echo de compartir, de dar para ellos es el mayor regalo que reciben de vuelta: dando estan recibiendo.

 

Los viajeros suelen elegir los parques que están a la entrada o salida de la ciudad para acampar. Siempre hay baños, agua, lugar donde lavar y buena onda. La seguridad es algo de lo que uno no ha de preocuparse para nada, aqui nadie te va a robar o hacer nada malo.

 

Los bazares en Iran son el centro social en que todo pasa y la gente se encuentra. Se vende de todo y suelen ser cubiertos, perderse entre ellos puede llevarte a mágicos rincones en que uno parece saborear aquellos tiempos en que las caravanas de mercaderes cruzaban estas tierra, parece incluso un@ mismo convertirse en un personaje de aquellos tiempos.

 

A menudo el descanso es en la carretera misma. ¡¡Cuántas cunetas nos han echo de colchón, de lugar de reposo!!!

 

Viajando en bici y sin prisa uno da tiempo a que las cosas sucedan, se tiene mucho contacto con la gente y así permite que los encuentros lo lleven a acercarse y compartir con gentes peculiares. Como aqui donde fuvimos el honor de conocer y disfrutar junto a la gente de las “tiendas negras” nómadas del desierto que están ya en extinción.

 

Mahdi nos enseño un truco que aqui en el desierto se hace pare poder sentirse fresco y evadir el aire caliente que sopla en las horas mas calientes: mojar paños de algodon y colocárselos encima. Ni las moscas, ni el calor disturbaran el sueño.

 

Un caravanserai en el que literalmente nos colamos saltandonos la valla. Asi fue que dormimos en su interior en una noche cerrada de estrellas en el medio del desierto en el mismo sito, de la misma forma en que todas esas gentes que por cientos de años caminaron estas rutas hicieron.

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de ¡¡Plantate!! Publicado en Iran

2 comentarios el “

  1. Pingback: Plántate en bicicleta en Irán y planta un árbol con Aitor y Laura « Movimiento Líquido

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