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Monaco

Mónaco, un pequeño país entre Francia e Italia del que me quedé con la curiosidad del origen….¿sería un regalo entre reyes?, ¿cómo surge así un país tan pequeño?… una ciudad país….¿cómo es posible?….
Lo primero que vimos al cruzar la línea fronteriza fué a una mujer paseando un perro más pequeño que una rata. Llevaba un abrigo de pieles que le llegaba literalmente hasta los talones….”¿cuántas “ratas” -me preguntaba a mí misma al pasar a su lado- habrán tenido que matar para hacer un abrigo así?, ¿qué tendrá esa rata de diferente para recibir tantos cuidados y amores a esas que murieron para cubrir su cuerpo? ¿la gustaría quizás una gorrita a juego echa de su ratita?”….
Y después de la mujer un mirador y un poco de aire para los juicios y críticas. Pudiendo observar la ciudad desde arriba, descubrimos algo increible: en las azoteas de los edificios crecen árboles. Sí, árboles; no arbustos no, árboles altos y robustos y, palmeras, céspes, verdaderos vergeles en las alturas.
Mientras descendíamos al puerto sentíamos sugir los coches a nuestro alrededor, aquí los coches no suenan, rugen como leones. Porches, Ferraris, Maserattis….pero a mí lo que más me impresionó fueron los yates del puerto que es practicamente el centro de la ciudad. Observándolos me preguntaba… “¿cómo será la vida de alguien así?, ¿cómo serán sus días, sus rutinas?”
Entre rugidos de potentes motores, yates y bosques en las alturas, recorrimos las calles y túneles que atraviesan esta escalonada ciudad. Los mismos túneles y calles que forman el circuito de Montecarlo y que recorren a toda velocidad los coches de Formula 1 compitiendo en esta ciudad-circuito, circuito-ciudad.
Al momento siguiente ya estábamos fuera de este país que dura un pestañeo, un estornudo Y, así fué que “sono arrivato a la Italia!!!”. Un par de largos túneles como frontera y….brrrr…frío, frío en Veintemiglia, el primer pueblito que encontramos; casas humildes, viejas muchas que se caen a cachos, humedades y agujeros en los muros. Este cruce de una línea imaginaria que divide realidades tan diferentes me hizo recordar el paso de Omán a Yemen: de la opulencia y el derroche, al que tiene lo justo para entretener el estómago un par de veces al día pero, no más.
Después la costa turística nos enseñó una Italia más rica que éste pueblito fronterizo.
Siempre avanzando por la costa encontramos con algo que desde Malawi no habíamos vuelto a ver y es que el pueblo no acababa nunca. Detrás de uno, otro y, otro, y otro más. Eso de “acampamos a la salida del pueblo” nos llevó a seguir pedaleando incluso una vez entrada la noche confiando en que tenía que acabar la zona poblada y haber por lo menos un trozo sin edificar pero….en esta zona de la costa Italiana hasta Génova, eso no sucede.
Las montañas llegan hasta la misma costa por lo que los pueblos se alargan pegaditos al mar y se alinean unos unidos a otros.
Lo malo de que llegue la noche mientras pedaleas es el peligro de los coches y la vulnerabilidad cómo ciclista, lo bueno es que puedes acampar casi en cualquier esquina oscura o en la misma playa como hicimos. Iluminados por la luna llena no llamamos la atención con los brillos de las linternas y por lo tanto pasamos desapercibidos hasta la mañana.
Ya cruzamos también las montañas hacia el interior y las nieves que coronaban el paso de los Alpes Marítimos y llegamos a ese otro lado en que encontramos llanuras sembradas y más frío. Es lo que tiene viajar hacia el norte y hacia el continuamos dándole siempre un toquecito de Este que nos lleve a esas tierras que quedaron dentro de nuestras mentes y corazones como paraisos personales. Volviendo de nuevo a ellas, a ese gran, pacífico y maravilloso Oriente que tenemos cada vez más cerca allá siempre, tras el horizonte.

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de ¡¡Plantate!! Publicado en Monaco

3 comentarios el “Monaco

  1. A mí tambien me gustaría dar la vuelta al mundo pero no en bici sino andando. Supongo que teneis muy buen control de la bici, no como yo que no me gusta andar en bici.
    ¡A! Una cosa, esa rata se llama… Chiguagua! Buena suerte!!!!

  2. Hola! Por lo que he leido, Monaco ¡es muy bonito! sus montañas…. Ha seguir asi parejaaa! Que ya falta menos para dar la vuelta al mundo! =)

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