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Angola

Angola….el primer país africano en que siento que me podría quedar (“ficar”como dicen ellos) por un tiempo tranquilamente. Parece que tantos años de guerra no solo dejan las marcas de balas en los edificios, en las memorias, en las gentes, que no solo dejan centenares de inválidos debido a las minas que hoy en día siguen explotando. Parece que también dejan ganas nuevas de vivir, y pocas de meterse en problemas. Parece que ahora que vino la paz, todos han decidido disfrutar de ella y no cambiarla por nada.

Atravesando estas tierras de las que tan mal nos hablaron, estamos encantados. De esos policias mafiosos que tanto nos previnieron no hay rastro, del peligro y del miedo que otros sintieron, no hay huella. De nuevo de lo cuentan a lo que es ….hay un abismo tan grande que roza lo opuesto.

Y más alegrias. El primer país en Africa en el que nadie nos ha pedido, ¡¡nadie!!. Sacan la mano al vernos pasar si, pero para saludar, es más, cuando por algún motivo hemos parado al lado de la carretera, muchos de ellos se han detenido para ver si todo iba bien…..¿en Africa?, sí. Aún no lo podemos creer. Pero que viva, que viva la vida y este pais.

Nada más cruzar la frontera descubrimos que no había carretera, a veces había un camino del ancho de un coche y de repente desaparecía y nos encontrábamos siguiendo senderos de animales, había tantos que no sabíamos cual coger y tras preguntar y recorrer algunos kms, nos dimos cuenta que no importaba cual pues se separaban y se unían a cada rato. Lo importante, era no perder la dirección hacia la que ibas y de vez en cuando parar para reorientarte y si hacía falta cambiar de sendero.

Tras coger la carretera general entendimos al ver, lo que otros nos habían contado y es que, Angola es famosa por sus carreteras y el horrible estado en que se encuentran. Aún con señales de la guerra: enormes agujeros, literalmente reventadas para evitar el traslado de gentes y de artilleria. Finalmente llegamos a Lubango dónde paramos acogidos por un angoleño descendiente de portugueses, que luchó en la guerra en un grupo de fuerzas especiales y nos contó en el tiempo que compartimos, un sin fín de historias y horrores de aquellos días, esos que lleva grabados ahí dentro y no podrá olvidar más.

Estuvimos juntos mucho más tiempo del pensado pues, tras los dos días de descanso y cuando arrancabamos, Aitor comenzó a no sentirse bien. Según pedaleábamos las rodillas le dolían más y más, se sentía mareado y cuando comenzó la fiebre nos dimos cuenta de que pasaba: Malaria. Nos habían hablado mucho de los síntomas y los tenía todos por lo que no pedaleamos un segundo más. Paramos un jeep que nos llevó de nuevo a la ciudad donde José nos recibió con los brazos abiertos. Allí pasamos algo más de una semana hasta que Aitor estuvo totalmente recuperado, pues uno de los peligros de esta enfermedad son las recaidas y más, cuando uno anda haciendo sobre-esfuerzos. José nos tuvo como a dos reyes hospedados en lo que próximamente sería un bar para moteros. En este tiempo y a través de él y su vida conocimos más profundamente la realidad de este país. La despedida fué una de las más bellas que nunca tuvimos, debido a un ritual angoleño que nos realizó en el último momento. Lagrimas, abrazos y de nuevo un gran amigo que quedaba atrás.

De allí pedaleamos hasta la costa donde extendimos nuestro visado sin problemas y como extra conocimo un grupo de españoles/as que nos acogieron. Unos trabajan en petroleras y otros en organizaciones de ayuda. Un grupo superfamiliar con los que nos sentimos en casa y otra cara del país nos fué revelada y es que, ¿que forma hay sino de conocer un país que el escuchar a sus gentes, los que lo pisan y lo viven día a día, unos y otras?

Y de allí hacia el norte Luanda, la capital de Angola. Nos habian contado horrores pero finalmente nos pareció bella. La mezcla entre los edificios coloniales dejados por los portugueses, con las ruinas de otros que fueron alcanzados por alguna bomba durante la guerra y nunca fueron restaurados, cobraba más extrañeza aún, cuando aparecían entre estos y aquellos, los impresionantes rascacielos que los chinos, construyen a día de hoy para empresas petroleras y de diamantes. Algo digno de ver.

El norte fué pura pista de tierra y arena, mucho sufrir y empujar para avanzar pero de nuevo, disfrutando con la alegría, hospitalidad y amabilidad de sus gentes y un añadido más: Angola es un país en el que el colonialismo portugués dejó huella y esas también nos hicieron sentir en casa, pequeñas cosas que hace tiempo no veíamos más que en sueños: aceitunas, pan de barra, queso, bidés en los cuartos de baño y……..¡¡coÑo!!….una Ñ , una Ñ, ¡¡leñe!!
¡¡ ÑA ÑE ÑI ÑO ÑUUUUUUUUUUUUUU !! ¡¡ay niña que morriña de eñe!!!!

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de ¡¡Plantate!! Publicado en Angola

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