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Sudáfrica

Sudáfrica. El país de las vallas, de las alarmas y sistemas de seguridad, el país de la separación y del miedo a parar en los stops para no ser robado, el país de las pistolas escondidas tras el cinturón y ….de la corrupción extendida a tal extremo que resulta como una pelicula cómica (aunque no tanto para el que tiene que vivir con ello diariamente).

Un lugar que en los principios estaba casi inhabitado, tan sólo los animales salvajes moraban en estas tierras y una sola tribu: “los Bosquimanos” pertenecientes a la étnia “San” los cuales poco a poco fueron expulsados de sus propias tierras. Pueblo nómada que según estúdios genéticos es el más antiguo de la tierra y que hoy en día, es una minoría en esta región. Aquí llegaron tribus del norte, los Coza, los Zulus y fueron acabando con ellos para instalarse en esta zona del continente. Más tarde llegaron los blancos que descendieron de barcos e hicieron lo mismo que las tribus del norte. Los “Afrikaans”, descendientes de la mezcla entre alemanes, franceses y holandeses que un día llegaron a Ciudad del Cabo y decidieron quedarse y cultivar la tierra.

Después desembarcaron los ingleses los cuales lucharon también incluso, con los Afrikaans y esa rivalidad aún a día de hoy se siente clara.
Un país de tribus, son 11 en total las que habitan en el país y todas ellas están limitadas a ellos mismos, a su gente, a crecer,crear y luchar por y para ellos y…..a odiar a los que no pertenecen a los suyos……
y el que odia tiene miedo…..
y con los frutos del miedo y del odio…nada se puede construir y menos una sociedad. El país del arcoiris es solo una utopía y aquí el odio y el rencor son palpables y claros. Es algo así como un: todos contra todos. La inseguridad es real y el crimen es algo cotidiano sobre todo en las grandes ciudades y en la zona Noreste del país.
Eso sí, todo ese odio y rencor desaparecen totalmente cuando tratan con extranjeros, gente como ellos dicen de “over seas” (más allá del mar). Cuando se dan cuenta que no perteneces al país, todo se derrumba y aparecen las sonrisas, el afecto, la persona que hay tras el dolor y los prejuicios emerge y se abre de una forma natural y sencilla.
Es por eso que para nosotros esta siendo bello el cruzar este país, teniendo encuentros y charlas cada día, pues con toda la inseguridad que reina, desde un principio decidimos que preguntaríamos en granjas para acampar dentro y siempre recibimos la misma respuesta:
-“No. Acampar ni pensarlo, pasad a la casa con nosotros.” Y allí cama, ducha caliente, cena, charla y desayuno (además de la invitación a quedarnos a descansar más días, que a menudo surge).

Buena gente que da sin intereses sólo, por el placer de dar.
Hemos dormido con blancos, hemos dormido con negros y entre todos nos van contando la diferente visión de esta complicada realidad que desde cada lado se lee de una diferente manera.

Ni los buenos son tan buenos, ni los malos tan malos…simplemente son, y son diferentes y a veces, cuando en la diferencia no hay tolerancia…PLASH…..viene la explosión y desde lejos se los cataloga a unos de explosivos y a otros de explosionados, pero… es el choque lo que provoca la explosión, ni unos ni otros.

Hemos descubierto que aquí, nosotros pertenecemos a una tribu (aún sin haberlo elegido) y es a la de “los blancos”. Ellos siempre tienen cuidado de tí, te protegen y te tienen como a uno de los suyos y nunca, NUNCA, van a permitir que acampes por ahí o que tras el atardecer sigas pedaleando. Literalmente te paran en la carretera, detienen sus coches y te avisan que no es seguro, que ya se hace tarde y te invitan a dormir. Así descubrimos que ni siquiera teníamos que preguntar, pues las invitaciones surgían a diario, en la carretera, en el supermercado cuando parábamos en la tarde….

Cruzamos desde Botswana hasta el extremo más oriental del país, pasando por Pretoria (donde renovamos los pasaportes) y desde allá a Swaziland (un bello y pequeño país dentro de Sudáfrica de verdes montañas y amables gentes, que nunca lucharon, que siempre tuvieron paz y bastante igualdad entre todos los que lo pueblan, sean del color que sean, y la diferencia con respecto a Sudáfrica, se siente nada más cruzar la frontera). Después, y ya en direción sur bajamos hasta Sta Lucia, donde paramos a descansar el cuerpo y el alma: un pedazo de tierra entre el agua salada del mar y la dulce del río que aquí desemboc. Ballenas, hippos, cocodrilos y una vegetación verde y frondoooosa que lo deja a uno silenciado y atrapado ante tanta vida y belleza.

Tras ello y de nuevo tierra adentro y montaña arriba nos dirigimos a Lesotho, que es el segundo pequeño país dentro de Sudáfrica, una zona dura y montañosa, pura montaña. Bella de un modo totalmente diferente a todo lo que habíamos visto hasta ahora y es que, si hay algo que define y caracteriza a esta zona del continente africano, es la impresionante diversidad reinante.
Un bello y enoooooorme país en el que uno se podría tirar la vida entera, para descubrir el montón de bellos y variados rincones que lo forman.

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