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Kenia

Por fín terminamos la famosa pista en la que por 550kms hemos estado saboreando lo agrio de la vida de estas gentes, a los que les tocó vivir en estas áridas y calurosas tierras. Comienza nada más pasar la frontera con Kenia y aunque al principio parece una pista sin más, poco a poco se empieza a poner feo y uno comienza a comprender el porqué de su fama.

La pista formada por montones de piedras sueltas y pequeñas, de arena y tierra, nos hacía el avanzar una misión casi imposible debido a que las bicis se hundían entre las piedras y constantemente nos hacía perder el equilíbrio, lo cuál iba haciendo menguar nuestras fuerzas debido al esfuerzo de tener que cargar las pesadas bicicletas para ponerlas de nuevo en vertical y tras eso, las primeras pedaladas para salir de entre las piedras que requieren un duro sobre-esfuerzo. Ésta era una tarea casi constante y agotadora que nos iba debilitando poco a poco.

El desconocer el estado de la pista y saber que aún quedaban 400kms por delante, era algo que hacía flaquear también nuestras fuerzas mentales.

Era como el que trata de nadar en el mar contracorriente y deja todas sus fuerzas en el intento, avanzando, dándolo todo; gira la cabeza para recuperar el aliento y ver cómo de lejos está, y se encuentra con que la orilla sigue ahí mismo… no avanzó más que unos metros.

En las noches tras el esfuerzo agotador, no había parte del cuerpo que no nos doliera, brazos , espalda, cuello y… ¡¡ hasta la mandíbula de sujetarla !!.

Imposible hacer los kilómetros que en un primer momento habíamos calculado y eso añadía algo más a tan árdua experiencia y era, la escasez de agua.

El día más duro de todos, tan sólo fuimos capaces de hacer 35kms (dando para ello nuestro cien por cien) lo que hizo que no pudiésemos llegar al siguiente punto de agua. Con tan sólo el culo de la botella de litro y medio encaramos la noche sabiendo que, había que desayunar algo y aún quedaban muchos kms al día siguiente hasta la siguiente posibilidad de conseguirla.

El llegar a esos extremos nos enseñó mucho. Personalmente descubrí algo sorprendente: cuántos tragos hay dentro de un sorbo de agua, sí, muchos más de los que hubiera imaginado. Al sorber un trago, lo mantenía en la boca mientras pedaleábamos, pues recordaba haber leído en algún lado que eso te refresca y te calma la sed más que el tragarlo en sí; después muy poco a poco, iba tragando de él pequeños sorbos a cada rato, hasta que desaparecía. Aguantaba entonces el rato más largo que podía sin pensar en agua, ni en beber pero, debido al calor, según pasaban las horas aguantaba menos y entonces, echaba otro trago y sacaba de él los máximos sorbitos que podía, mientras todo el cuerpo como destartalado, se mantenía en equilibrio avanzando entre piedras, baches y arena.

Más que sobre una bici, me parecía estar montada en un toro mecánico, pero sin las vueltas. El reto, en vez de pedalear y avanzar, había pasado a ser mantenernos arriba de las bicis sin descoyuntarnos, y así, dejar que el tiempo pasara. Tras transcurrir unas 5 horas, ese día según el mapa y los cálculos de Aitor (que normalmente en esas cosas no falla una) llegaríamos a un pequeño poblado en el que podríamos saciar la sed.

La dureza de la vida, la dura realidad en que estas gentes viven, fué algo que saboreamos en nuestros propios paladares, y que observamos y conocimos en las paradas, cuando más adelante apareció de tanto en tanto alguna pequeñísima aldeita donde paramos a tomar té con ellos y hablar, hablar, hablar …..algo que acá en Kenia parece encantarles.

El echo de que por aquí casi todo el mundo hable en inglés nos a abierto las puertas de la comunicación y es que, hasta las gentes más tribales de las aldeas más pequeñas lo chapurrean.

Buena gente encontramos en esta ruta de la que todo el mundo nos contaba, era un sitio inseguro, en que te pueden robar…..nada de eso.

Conversando con la gente de las tribus, nos enteramos que los problemas son entre ellos, entre tribus. Conocimos a los Samburus, también a los Turkanas y unos y otros, nos contaron que los problemas se deben a que éste año no llegó la llúvia.

Los animales no tienen lugares donde pastar, el agua es cada vez más escasa y han de recorrer a veces más de 30kms para encontrar ese “oro líquido” y eso, los lleva a menudo a tener que sobrepasar los límites de sus territorios…. entonces llega la guerra, la lucha. Es la lucha por sobrevivir, la ley del más fuerte.

Impresionados, exhaustos, agradecidos y debilitados llegamos al asfalto de nuevo que, anunciaba no sólo el fín de la pista sino, la llegada de pueblos y lo que eso suponía: agua, tiendas, sombra y algo que ya habíamos olvidado pero que a juzgar por las miradas de todos necesitábamos con urgencia: ¡¡ una ducha !!.

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de ¡¡Plantate!! Publicado en kenia

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