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Emiratos Árabes

Dubai, el Nueva York de los árabes.
Un lugar que inicialmente fué una pequeña aldea hace tan sólo unos 50 años, ahora parece el escenario de una película futurista dónde todos los coches son carrazos y hay realidades tan increíbles como un hotel bajo el mar donde las habitaciones son burbujas y puedes ver los peces; o una pista de esquí (en el desierto); el rascacielos más alto del mundo de un kilómetro de altura que está a punto de terminarse y tendrá en su interior 7 hoteles, restaurantes, un centro comercial y oficinas. Según dicen se tarda 20 minutos en ascensor llegar a lo más alto lugar desde el que se pueden ver en toda su amplitud el sin fín de islas que fueron fabricadas, si, creadas por el hombre, vistas desde el cielo se puede apreciar lo que entre todas forman como un dibujo sobre el mar: a un lado el mapa del mundo por y por otro un par de enormes palmeras.
Una ciudad donde esperas al autobús en paradas cerradas con aire acondicionado y existen multitud de enormes, enormes centros comerciales (incluso el más grande del mundo) de gran lujo, después y algo más interesante es el enorme bazar cercano al puerto en que casi todo se puede conseguir.
Un puerto libre de impuestos en que todo llega y del que todo sale.
Un lugar dónde se mezclan gentes de todas, todas las partes del mundo y en su mayoría tienen un fín: ir de compras.

La tierra de la abundancia nos recibió entre rostros amables y sonrisas. Tuvimos suerte de ser hospedados a través del couchsurfing.com por un par de personajes bien interesantes que como la mayoría, viven en apartamentos con piscina, gimnasio, jacuzzi, sauna…. aquí es lo normal, aunque no tanto para los indúes y pakistaníes. Mientras unos pagan por un apartamento al mes la friolera de 5000 euros, aquellos ganan en el mismo mes tan sólo 100.
Al llegar no dábamos crédito a lo que oímos cuándo una vez en el interior de la ciudad, preguntámos por la dirección a la que nos dirigíamos:
-”Si, por aquí, por allá, después derecha un kilómetro y en el 5 semáforo todo recto por un par de kilómetros más”
-”¿Qué? ¿Pero cuánto queda?- preguntamos en tres o cuatro ocasiones para contrastar opiniones. Todos concluyeron:
-”Unos 30 kilómetros.”
-”¡¡¡……. ¿…? ………..!!!”
Y es que ésta ciudad se extiende por unos 45kilómetros a lo largo de la costa, increible. Una ciudad en que no hemos dejado de repetir esa palabra: increible.
El haber sido hospedados por gentes que viven desde hace tiempo aquí nos hizo desmigajar misterios como el hecho de que todos los coches eran lujosísimos y es que, para solucionar el problema del tráfico tomaron una drástica medida: la gente con un salario bajo (es decir, el 90%) tiene prohibido por ley tener coche. Además, éstos tampoco pueden comprar alcohol aunque dispongan del dinero necesario para hacerlo. Indúes y Pakistaníes, son en su mayoría los que hacen, construyen y mantienen ésta realidad que ven pero no prueban, que tienen cerca pero a la vez lejísimos; tan sólo pueden observar mientras los Emiratis se dedican a vivir la vida, a gastar y a menudo a derrochar.
Pareciera que entre ellos apuestan a ver quién hace la cosa más impensable, más grande, más, más.
Es común oir proyectos como los que conocimos sobre: la construcción de un hotel que a traves de magnetismo flote en el aire, o el hotel que para mantener la arena de su playa fresquita y que sus clientes no se quemen los pies, tiene un sistema de refrigeración bajo ella; o lo que otro se montó: un hotel de ¡¡ 7 estrellas!!.
Aquí no se prevee cuándo va a llover porque se sabe: son ellos que hacen llover a través de unos gases que echan en el aire y provocan la condensación de la humedad, están intentando cambiar el clima y parece que ya han conseguido bajar 4-5 grados Celsius la temperatura desde que comenzaron plantando árboles y creando lluvia.

Árabes, Emiratis con sus camisones y pañuelos de un blanco impoluto, con barbas afeitadas a la moda y gafas de sol que crecen sabiendo que el dinero se multiplica en sus bolsillos y que aunque quieran no podrán gastarlo. Nos contaron que pasan el tiempo haciendo carreras de camellos en el interior del desierto y carreras nocturnas en el interior de la ciudad (cosa de la que fuimos testigos).

Abu dhabi, el lugar donde está el 80 porcien del petroleo de UAE, nos tenía una sorpresa preparada, el encuentro con una Canadiense que cruzamos en la calle al llegar. Ella también iba en bici y paramos a charlar, después de 10 minutos ya nos había invitado a su casa, enseñado el plano y dado las llaves. Allí estuvimos mientras hacíamos papeles en la embajada española.
Con todo finiquitado y en un sólo día de pedaleo, cruzamos los 180kms que tiene de ancho el país, así, como dos rayos.
Después de tanta casa y jacuzzi, piscina y gimnasio, rascacielos y centro comercial, estamos deseosos de zambullirnos en el vasto desierto Omaní, y volver a la tranquilidad del mundo, al silencio, a las noches estrelladas en el mejor hotel del mundo: el de mil estrellas.

 

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