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Kirgistán

Horrores. Nos habían contado verdaderos horrores el par de ciclistas franceses que encontramos en China. Viajaban por separado pero coincidieron exactamente en la descripción de la pista de tierra y piedra, que por 240km tendríamos que coger una vez pasada la frontera para llegar a Osh.

Uno de ellos incluso nos había dicho que lo mejor era coger un camión, y que era lo peor que había enfrentado en su vida…. ¡¡…!!…..

A mi bici le castañeteaban las palancas de freno sólo de pensarlo y a mí, algo dentro se me desinfló y se me hizo chiquito, creo que fué el valor.

 

-No problem, no problem, little by little, we are not in a hurry.

(no hay problema, poco a poco, no tenemos prisa).- le decía Aitor. A él nunca parecen afectarle demasiado los terrenos horribles o las altas montaña, es más, de alguna misteriosa forma le motivan.

 

El hombre respondió con una mirada dirigida a mí, que asemejaba la que alguien echaría a un inocente condenado a muerte y no dijo nada más, se montó de nuevo en la bici y continuó pues Pekin aún está lejos y según decía, no tenía tiempo que perder. Era uno de esos cicloviajeros que tienen en su mapa todas las etapas marcadas, que recorre 120km al día pase lo que pase y encuentre lo que encuentre en su camino. Tiene el tiempo contado y su recorrido es más una prueba física, que un avanzar por el mundo por el puro placer de hacerlo, sin más.

 

La pista fué finalmente dura si, pero lo que la rodeaba en esa planicie a los más de 3000m de altura, era tan bello e impresionante que hacía olvidar la dureza del terreno.

 

Verdes praderas que todo lo alcanzaban y se extendían como infinitas alfombras verdes hasta acabar allá a lo lejos, al pie de las blancas, blanquísimas montañas nevadas que hacían de horizonte allí donde mirásemos. Riachuelillos serpenteantes dotaban al terreno de un toque bucólico, de cuento; éstos, a veces transparentes y otras tan rojos que parecían ser la misma sangre de la tierra, nutrían y daban vida a los rebaños de caballos, vacas, ovejas y yaks que pastaban tranquilos aparentemente ajenos al mundo.

Nómadas, los únicos habitantes de estas altas regiones que a veces en grupos y otras aislados, viven en sus Yurtas que de Marzo a Noviembre salpican la llanura.

 

En los contactos que tuvimos con ellos, encontramos siempre gentes vivas, muy vivas con los que a menudo reímos mientras nos atiborranban de pan, yoghourt, una especie de densa y suave nata, y “kumis” su bebida más típica: leche de caballo fermentada que sabe a horrores pero que según juran, hace a los hombre potentes y viriles.

Montañas y valles, viento suave en la última parte de la pista que tras un par de puertos, nos llevaría ya en tierras más bajas a encontrar algo que hacía mucho no veíamos: árboles.

 

El momento en que tomamos de nuevo el asfalto que en poquísimos kilómetros nos llevaría a Osh, fué algo a memorable ….uuuuuummmmmm….. que suavecito y que ligereza….. mmmmmmm que amorosa forma de avanzar…… las articulaciones de todo el cuerpo que ya estaban casi desconyuntadas del traqueteo parecían recitar un “OM” a unísono… ……..OOOOOOOOOMMMMMMMMM……..

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