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Pakistán

Es difícil Pakistán, o más bien, no es fácil.
Mirando hacia atrás podríamos titular éste escrito sobre el recorrido en el país con algo así como: “sonrisas y lágrimas”. Para mí el primer país musulmán, para Aitor, el primero que recorre con una mujer. Podría escribir un libro tan solo con los encuentros, experiencias y aventuras en este país bello pero duro, en el que la hospitalidad es tan extrema como su forma de seguir la religión: al límite. Trataré de resumir algo de los 3 meses y medio en que pedaleamos éstas tierras.

Hay tantas normas y formas de comportamiento que hemos necesitado casi el primer mes para poder, finalmente, relaccionarnos en esta sociedad como si fueramos del lugar, pero eso costó sonrisas y lágrimas.

Pasamos una semana en Lahore (capital cultural de Pakistán) entre rikshas que polucionan incluso más que los de India, y desayunos de yoghourt con unas chapatis (panes) especiales que solo hacen aquí. Aprovechamos para ir a ver música Qawali (música religiosa cantada por un grupo de hombres que entre palmas, percusión y tonos que recuerdan al flamenco, nos pusieron los pelos de punta de lo impactante de verlo en directo) y un grupo de Sufíes que al ritmo de dos enormes tambores y girando su cuerpo sin parar, entraban en trance ante nuestros ojos atónitos y nuestras ganas de unirnos a ellos en ese constante girar que parece elevarlos a otras dimensiones. Algo digno de ver.

De allí a Islamabad la capital del país: tiempo de visas y de paciencia.Tras finalizar los trámites de los visados y de nuevo libres, nos dirigimos curiosos hacía la frontera afgana, queríamos conocer ese Pakistán de las áreas más tribales y en vez de acortar hacia el norte, decidimos aventurarnos a hacer una incursión en esas tierras fronterizas y remotas de entre los dos países.

En tan solo dos días nos plantamos en Peshawar y fué ahí que comenzó lo más bello, intenso, diferente y especial del tiempo vivido en Pakistán. Entramos en tierra de burkas, cabezas rapadas y largas barbas, de las gentes que viven la religión de la forma mas extrema y también más cerrada al resto del mundo y por lo tanto, uno de los lugares más exóticos por lo diferente que nunca visitamos. También uno de los sitios más restrictivos con las libertades a las que sobre todo yo, estoy acostumbrada.
Ya en los últimos cien kilómetros había tenido que ,no solo pedalear con los largos y anchos pantalones y la especie de túnica-camisola-vestido que los cubre, sino también con el velo puesto. Me inventé un sistema de corchetes para atármelo a las muñecas y a la barbilla con el fín de que se mantuviera en su sitio al tiempo que me podía refrigerar con el airecillo que entraba por abajo. Resultado: vista desde el frente parecía totalmente una señal de peligro, un triángulo blanco con una cara asomando, la mar de chistoso.

Al entrar en Peshawar parece que uno se metiera en una máquina del tiempo, transportado cientos de años atrás, otro mundo de repente. Ciudad de laberínticos bazares en los que de todo se vende, por zonas eso si, aquí casi nada se mezcla, y sobre todo cuando se habla de mujeres; ellas tienen su propio bazar “Mena Bazar” dónde los burkas se mezclan con ropa interior de intensos colores, rojos chillones, morados, ligas, camisas de impresionantes escotes y lentejuelas, faldas cortas y medias de malla… todo eso se esconde bajo los negros hábitos y los asfixiantes burcas.

El olor a cardamomo lo impregna todo en el bazar. En enormes tinajas-barril metálicas, éste hierve en el agua por horas dejándo en ella su peculiar sabor y aroma; en pequeñas teteras con hojas de té verde la sirven junto a pequeños cuencos en los que los hombres, beben la deliciosa mezcla mientras pasan las horas charlando entre rezo y rezo.
El hecho de ser turistas hace que pueda entrar en esos lugares pero es Aitor el que habla con ellos, a mí no se dirigen. A través de diferentes encuentros fuimos descubriendo, aprendiendo y entendiendo un poco más este mundo tan diferente. Charlas con afganos que escaparon de la dura realidad del otro lado de la frontera, con vendedores, intelectuales y gentes simples… todos ellos al saber de nuestro viaje nos dijeron lo mismo: una mujer no puede ir en bicicleta, no en estas tierras, va en contra del Corán. Nosotros les rebatimos esta ley comentándoles que en los tiempos de Mohamed no existían bicicletas por lo que no puede estar escrito y aunque rieron… no funcionó. Más aún, nos dijeron que si nos queríamos aventurar en subir al norte por la zona pegada a la frontera y cruzar el valle de Dir, podíamos tener serios problemas. Las áreas tribales del valle, son zona fundamentalista dónde residen extremistas islámicos, es decir, según todos nos dijeron: zona talibán. Si no fuera en bici (y cumpliendo con mucho cuidado las leyes musulmanas) no habría problema, pero pedaleando estoy de algún modo insultándoles, faltándoles al respeto y lo podrían incluso tomar como un ataque, lo cual les podría facilmente hacer enfadar mucho.

Por lo que ya habíamos visto cuándo llegábamos a esta zona y durante la estancia en Pesawar, nos dimos cuenta que iba en serio, esta vez no eran habladurías, odio entre vecinos o miedos infundados, aquí la cosa se pone más seria y decidimos acallar nuestro orgullo y empezar a regatear para conseguir un buen precio en una de los montones de furgonetas que se agolpaban en la caótica y polvorienta estación.
Así fué que recorrimos el trayecto de Peshawar a Chitral, en una pequeña furgoneta que a trompicones recorría, cargada hasta los topes, el camino de piedra y tierra que cruza estas áreas que sirven, según nos contaron, de escondrijo de altos poderes del mundo talibán buscados y perseguidos.

Desde Chitral a Gilgit pudimos pedalear de nuevo, y en esa zona una sorpresa esperaba por nosotros: la oportunidad de mezclarnos con sus gentes. Una zona aún bastante fundamentalista.
Fuimos acogidos en varias casas dónde incluso pasamos algún día de descanso debido a que mi rodilla derecha comenzó a darme problemas y mucho dolor. Fué así que fuimos testigos de honor de como viven las familias y esos seres de tan dificil acceso para el viajero como son las mujeres. Pero esa historia quedará para otro momento porque de larga e intensa necesita ser contada de un modo largo y tendido y por esta vez…. ya conté demasiado.

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de ¡¡Plantate!! Publicado en Pakistan

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